Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Sin complejos

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D e todo es conocido que los españoles somos al mismo tiempo orgullosos y acomplejados. Siempre pensamos que lo «de fuera» es mejor que lo «de casa». Basta con recordar lo famosas que se hicieron las suecas cuando fue lo del boom del turismo. Algunos llegaron a pensar que las vikingas eran algo superior a nuestro producto nacional. Claro, fue efímera la moda porque no hay nada que se equipare a una buena Agustina de Aragón en versión actual por mucha serie de televisión que se empeñe en ensalzar las virtudes de los bárbaros del norte.

Pues este complejo añejo y castreño lo arrastramos todavía y en todo lo que a uno se le pueda ocurrir. Veamos por ejemplo nuestro sistema judicial. Se dicen tantas cosas pero una de las que más suenan es que está politizado. Fundamentalmente se dice por aquellos a los que las sentencias no están alineadas conforme a sus intereses. Y esto se afirma en base a que los miembros del Tribunal Supremo se nombran bajo una gran influencia de los partidos políticos. Es un hecho incuestionable. Es un hecho que quizás se deba cambiar.

Ahora analicemos como se nombran y desarrollan su función judicial los miembros del Tribunal Supremo de los Estados Unidos para simplemente comparar y ver que tal lo hacemos nosotros en comparación con la primera potencia mundial.

Bien, para empezar la potestad para proponer a un miembro del Tribunal Supremo de los Estados Unidos es exclusiva del presidente de la nación. Esto entiendo que es cuando menos bastante subjetivo. Cierto que lo propone al Senado y este a través de una comisión decide si acepta la propuesta, o no. Claro que si el presidente controla el Senado no suele haber problemas, si no le toca negociar con el otro partido, porque recordemos que solo hay dos.

En cualquier caso, tanto el presidente como el Senado no cabe duda de que son órganos políticos, aquí no interviene para nada ninguna asociación profesional o algo que se le asemeje, todo es política.

No sé si se debe a la casualidad o alguna confluencia de las estrellas que prácticamente las posiciones de los distintos jueces del Tribunal Supremo de los Estados Unidos coinciden a lo largo de toda su carrera en el alto tribunal, y recordemos que el nombramiento es vitalicio, con las del partido político del Presidente que los nombró.

Compuesto de nueve miembros muchas cuestiones se deciden por el voto particular de uno de ellos que se alinea con su grupo, bien demócrata o republicano. Hasta la muerte del juez Antonin Scalia en 2016 el Tribunal Supremo estaba dominado por los republicanos que sumaban cinco jueces nombrados por los presidentes Reagan, Bush padre y Bush hijo frente a los cuatro demócratas nombrados por los presidentes Clinton y Obama.

Aparentemente estos jueces son independientes una vez han sido nombrados, máxime si se tiene en cuenta que su cargo es vitalicio. Pero los hechos son los hechos y como el sistema norteamericano de impartición de justicia se basa en el estudio de casos precedentes, fundamentalmente cómo ha sentenciado el Tribunal Supremo en casos anteriores y de similares características, la posición de los jueces coincide con la postura manifestada en el Congreso Federal por los dos partidos (cada uno con el que le ha propuesto) en el debate parlamentario cuando se trata de aprobar una ley.

Casos prácticos para la reflexión puede ser la postura mantenida por el Juez Scalia cuando se enjuició el derecho al aborto. Su postura fue la de considerar al aborto como un asesinato, sin ningún género de duda, se identificó así con la línea más conservadora del partido republicano quien le había propuesto para el cargo. Por el contrario son famosos sus enfrentamientos con la juez Ginsburg propuesta por el Clinton quien mantiene posturas consideradas como liberales y coincidentes con los postulados del partido demócrata.

No sería muy desconsiderado para el sistema judicial norteamericano afirmar que soporta una notable influencia del ámbito político. No es una crítica atroz y carente de comprensión. Es una realidad presente e inevitable en la vida del ser humano. La política lo invade todo, la política es parte de nosotros mismos como seres inteligentes que somos. Hasta el sistema social más cruel que pudiéramos imaginarnos necesita de una política que lo defina y mantenga vivas sus instituciones.

La diferencia esencial entre una política digna y al servicio de las personas y una política opresora de los derechos y libertades radica en los valores que la guían y la honestidad de los políticos. No es por ser pesimista pero la corrupción es innata al ser humano, siempre la hubo y la habrá. Eso lo sabía perfectamente el censor Catón y por eso era humilde en todos los ámbitos de su vida. Era consciente de que los romanos eran muy corruptos y aún así son el fundamento del sistema jurídico continental.

No quiero que se interprete lo afirmado como una resignación ante lo que se puede y debe mejorar. Sí que considero que nuestro sistema judicial no es tan malo como para estar flagelándonos permanentemente. No es ni mejor ni peor que el norteamericano. Nuestros jueces y magistrados se tienen que quemar las pestañas estudiando de memoria una locura de temas, aprobar una oposición que no se saca con la boina y pasar por una escuela judicial. No es fácil llegar a ser juez en España y el sistema de oposición es de los más justos que existen. Esto no lo sufre un juez de los Estados Unidos, su carrera es mucho más sencilla y mejor pagada.

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