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Joaquín Cuevas Aller ESCRITOR
León

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H ace unas semanas apareció en este Diario de León un artículo de odio contra el cristianismo en general y contra el catolicismo en particular. El artículo fue escrito por varios miembros de ideología comunista y llevaba por título ‘No me matricules en religión’. Posteriormente han aparecido en el mismo Diario tres artículos que desmontaban muy acertadamente, con argumentos sencillos pero inapelables, la crítica al catolicismo. Llama la atención que ninguno de los tres artículos arremete con palabras gruesas, con odio contra los articulistas comunistas. Yo no sabría hacerlo mejor, simplemente quiero responder a dos frases del artículo anticatólico.

Y e 21 de junio apareció un nuevo artículo similar al primero, en contra del catolicismo, pero con palabras aún más gruesas, llamando secta a la religión católica y añadiendo que el catolicismo se basa en algunas creencias y dogmas del siglo XIX, cuando tiene dos mil años.

Lo primero que hacen los autores es afirmar con simplezas demagógicas que la enseñanza de la religión va en contra de la razón y contra los derechos humanos. Se olvidan esos señores que el artículo 18 de la declaración de los Derechos Humanos dice textualmente: «Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o de creencia individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia».

Este artículo de los Derechos Humanos demuestra que quien atenta contra esos derechos son precisamente ellos, los que tratan de impedir la enseñanza de la religión. La base de los derechos humanos es el respeto y el amor entre los propios humanos. Cristo, fundador del cristianismo, lo dejó muy claro en su enseñanza. Ante la pregunta de los judíos de cuál era el mandamiento más importante de la Ley de Dios, contestó. El mandamiento más importante es: «amar a Dios sobre todas las cosas». El segundo es, tan importante como el primero, «amar al prójimo como a ti mismo». Esto quiere decir que debemos tratar al prójimo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros mismos. Respeto y amor a nuestros semejantes es el derecho más importante del ser humano. Jamás ningún ser humano ha sido tan claro con sus palabras.

Lo segundo que hacen los autores del artículo es afirmar que la enseñanza de la religión va en contra de la ciencia. Increíble, pero cierto. Por supuesto los escritores no dan ninguna prueba ni opinión de su afirmación. Quiero entender que están en contra de la creencia cristiana en la existencia de un solo Dios creador del universo. Cuando hablas con un ateo o un comunista, lo primero que te dice es que Dios no existe. Más de una vez he tratado este tema con ellos. Bastan unas sencillas preguntas. Sales una noche a la calle, miras el cielo ¿qué ves? miles de estrellas ¿Quién ha creado esas estrellas? ¿Es evidente que no las ha creado el hombre? No, dicen, se han creado solas, de la nada. Pero hombre —digo— la nada, nada puede crear. Sí, dicen la naturaleza es muy sabia. Si eso fuera verdad, voy a hacer una cosa: voy a poner esta noche un bacalao en la mesa de la cocina, una botella de aceite y una cacerola, como la naturaleza es sabia, seguro que al día siguiente encontraré un delicioso bacalao al pilpil. La naturaleza no se encarga de esas cosas. Hombre, le dije, hacer un bacalao al pilpil es mucho más sencillo que crear una estrella.

Otra cosa. Cualquier persona con ínfimos conocimientos de física sabe que hace millones de años la tierra era una bola de fuego. ¿Cómo se explica que de una bola de fuego haya surgido la vida en tantos seres vivos que hay en la tierra: las plantas, los animales y, sobretodo, la vida inteligente del ser humano? Es difícil sostener que la vida fue creada también de la nada.

El propio ser humano ha sido capaz de diseñar aparatos espectaculares como todos sabemos. Y sin embargo no ha sido capaz de crear vida, ni siquiera una hormiga o un mosquito.

Estoy seguro de que el ser humano no será nunca capaz de crear de la nada un ser con vida. Si la nada nada puede crear, es evidente que alguien creó la naturaleza y, además creó la vida. Sólo Dios es capaz de crear vida de la nada, él mismo lo dijo en dos ocasiones: «yo soy el que existo» y «yo soy el camino, la verdad y la vida». Ante estas palabras, mis interlocutores se deben quedar mudos.

Generalmente es admitido que el físico Albert Einstein ha sido uno de los cerebros más brillantes en la Historia de la Humanidad. Pues bien, Einstein dejó escrito: cuanto más conozco el universo más claro tengo la existencia de un Dios creador. Por lo visto, Einstein fue un aprendiz equivocado al lado de estos ateos.

Si separamos a Dios de nuestras vidas, habremos renunciado a nuestras milenarias raíces y tradiciones, a nuestros principios y valores que han sido la base de nuestras libertades, de nuestros derechos, de la civilización del mundo occidental. El cristianismo es más que una religión es una civilización. Si separamos a Dios de nuestras vidas y abrazamos la ideología comunista ¿qué encontraremos? Una ideología que no respeta la libertad del ser humano, ni la propiedad privada, ni la diversidad de opinión. El comunismo no discute una opinión, impone la suya.

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La forma de actuar de la ideología comunista no es crear rivales, sino crear enemigos a los que hay que liquidar como así ha sido hasta ahora. Las críticas al catolicismo no responden a motivaciones razonadas, sino a una reacción contra todo lo que representa la fe católica. Muy raramente los ateos discrepan del catolicismo por su teología, se oponen por las consecuencias morales y éticas de sus enseñanzas. Por amor al ser humano, digamos al Dios creador: Señor, perdónales, aunque sí saben lo que hacen.