HOJAS DE CHOPO
Ojo de poeta
Tomé nota de unas palabras de Rosalio, un personaje de El vuelo de la ibis escarlata, de María Valéria Rezende: «Planté en la esquina de la casa un brote de ojo de poeta que apuntalé bien con unas cañas para que se enredara y brotasen muchas flores». Decidí saber algo de flor tan literaria. Y anoté que, al margen de su nombre científico –Thunbergia alata—, se la conoce con otros varios comunes o vulgares, «Ojo de poeta» entre ellos. Es verdad que también llaman «Ojo de poeta» y «Bella Diana» a la Coreopsis tintoria, menos hermosa, a mi juicio.
Tiene un crecimiento rápido y debe estar en zonas luminosas, aunque sean interiores. (¿Será acaso la luz, la luz interior la razón última del crecimiento de la palabra esclarecedora?). Se usa para adornar balaustradas, glorietas, verjas o bancales. Son flores grandes con tubo recurvado y cinco pétalos de color amarillo, que presentan en el centro una característica mancha negruzca. Supongo que sea esta la causa del «ojo» y el vivísimo color, tan atractivo y sugerente, vincule a su nombre la referencia «de poeta». Buena combinación. Y más en esta tierra –y pienso específicamente en Villafranca del Bierzo, por antonomasia «la ciudad de los poetas»—, donde tan buenos ojos de poeta crecen al amparo de nunca se sabe bien qué misteriosas razones. No sería ningún despropósito dedicar una Calle de los Poetas, con estas flores como sustento colorista y otras añadiduras alusivas. Recuerdo la Calle de los Escritores en el Barrio de la Utopía de Vilna, la capital de Lituania, hermoso recorrido por la palabra y la imagen. La utopía es un don.
El ojo del poeta es, sin duda, el que mejor ve la realidad, puesto que es capaz de trascender sus propias apariencias. Sigo pensando que buena parte de la poesía se convierte a diario en la ética fundamental de la búsqueda. Quizá, como en algunas culturas ocurrió, no estaría de más que una de estas flores, o sus símbolos y atributos, nos indicase que allí vive alguien que tiene claves para entender la vida de forma diferente. Poeta de excelencia. Aún creo, sinceramente, que los poetas, muchos poetas al menos y su palabra nos siguen salvando de tanto desconcierto en este mundo globocolonizado. Por eso quise saber que una hermosa flor, esta, ampara el nombre de quienes ven más allá, interpretan y nos advierten. Es necesario leerlos. Pueden seguir siendo un grito de libertad frente al difícil conformismo en que desean mecernos.