Diario de León
Publicado por
león en verso luis urdiales
León

Creado:

Actualizado:

H ay un mundo de por medio, una civilización, casi, de los veranos de la arena a los de la arcilla centenera; una edad. Cómo cambió el cuento. De correr a paso ligero entre janas y quintanas a aliviarse el apuro del calor al rebufo de las olas. El flujo del Cantábrico serena los días con el mismo empeño que se expende el remanso del atardecer de las brañas, al ritmo que repican las cencerras y los ladridos con eco que sólo emiten los mastines. Otra etiqueta de los escaparates escondidos de León, ajena a esa creencia errónea de tierra recia y hostil, un paraíso para resguardarse del solano que hornea al grill a partir de las tres, en tardes que son cuaresmas. Para eso inventó Dios los avesedos, o abesedos, según, y los puso al servicio de las generaciones que preceden a ésta a la que se le negó el progreso; para contrarrestar toda la convicción atávica de que la asfixia de la calorina es otro daño colateral por morder una manzana cuando la culebra se enroscaba sinuosa en la rama del roble centenario. También las murias son de todos. Y los truébanos; parajes que toman el nombre por contagio de dedicaciones ancestrales sin las que no habría sido posible que el registro civil leonés —el de humanos, no de osos— fuera capaz de sobrevivir a la fiebre de las desamortizaciones. Las mejores vistas de León después del mediodía se localizan en los sestiles, mares de fondo que descubrieron los rebaños de rumiantes para sobremesas plácidas, sin otra prisa que la que impone la siguiente ingesta. No hubo otra forma de cruzar a la orilla del siguiente invierno que subirse a esa tabla de salvación que da el entorno, y que aplacó la ira de la canícula a base de moldear el paisaje, según las exigencias del fondo de pantalla. Así prendieron los sotos y los soticos; las camperas (no confundir con las campas, herramienta de titular de abril, artilugio político y neologismo que adoctrina en dirección opuesta al sentido de pertenencia que nos ocupa), los hayedos, las solanas. La autarquía para la prueba de fuego que todo lo agosta tiene un referente señorial bajo la sombra de su majestad, el fresno, que nos dejó en herencia el amparo de hojas que enfrían mejillas sofocadas. Hasta las quitameriendas, que están a punto de irrumpir para cambiar este orden de urgencias.

tracking