TRIBUNA
Villadangos: otro hito del leonesismo

L as recreaciones históricas, esos festejos estivales que están arraigando por todas partes, son una venturosa iniciativa que contribuye no solo a satisfacer el deseo de novedades de los que disfrutan de sus jornadas de ocio. Sirven también para estimular, tanto el comercio local como el alternativo y, al memorar sucesos de relevancia histórica, no solo mejoran la autoestima del vecindario sino que refrescan, mediante sus actos «de época» un repertorio de contenidos de altísimo carácter formativo. Y aún más, algunas de ellas añaden un componente de exaltación de lo autóctono, en un sentido que bien podiéramos llamar leonesismo. Un sentimiento en ascenso que entronca claramente con ese anhelo universal de proclamar la valía de lo particular en este mundo de globalismos.
Ese espíritu de vindicar lo leonés se expresa con claridad en la Fiesta de Astures y Romanos que anualmente se celebra a finales de Julio en Astorga a través de la memoranza y recreación de hechos e ideas de nuestros antepasados astures, la verdadera cuna genética de nuestra identidad astur-leonesa. Y lo mismo se hace en la celebración de La batalla de Villadangos, a mediados de agosto, en esta villa del Paramo, a través de la exaltación de los años de mayor esplendor del reino leonés en la Edad Media.
Esta iniciativa parecía un tanto peregrina, al echar a rodar hace años, en un minúsculo pueblo agrícola de apenas 300 habitantes, sin patrimonio artístico relevante y, por tanto, nulo atractivo turístico. Sin embargo ha acabado por consolidarse, no solo por la abundancia de ingresos de su Ayuntamiento gracias al polígono industrial sino también por el coraje y la determinación de su corporación y el entusiasmo y la participación de sus convecinos.
Poco sabemos los leoneses de la historia de nuestra tierra, porque los libros de historia de coles e IES, por desgracia no se hacen al servicio de la gloria de León sino de otros. Y menos aun sabíamos de la existencia de esa batalla de Villadangos que, en el verano de 1111 decidió el destino del Reino de León. Gracias a la iniciativa de alguien que sí lo sabía, a la de la corporación de Villadangos que asumió el proyecto y al vecindario que finalmente lo materializó, este hecho tan olvidado se está convirtiendo en un referente clave del menguante pero, a la vez, renacido leonesismo.
Un referente crucial porque rememora un hecho en sí luctuoso: una brutal batalla entre mesnadas medievales, que por algo se llamó La Matanza, pero que se puede esgrimir como una verdadera proclama de la identidad leonesista ya que esta batalla aseguró la ascensión al trono de, no nuestro mejor rey pero sí el que tuvo una proyección más destacada en la España del Medievo. Porque ese infante que se libro de la muerte en la Matanza de Villadangos sería con los años el rey Alfonso VII, al que llamaron el emperador, porque consiguió ese excelso título con el que pretendía erigirse en heredero universal de la Hispania romana y después gótica.
La iniciativa, es cierto, se quedó en un brindis al sol, que diríamos hoy, ya que por desgracia la fuerza del reino de león no daba para tanto y ya empezaba a menguar, a causa del ímpetu y la rebeldía de los condados de Portugal y de Castilla. Pero sirvió para definir con claridad el clímax histórico de nuestro reino leones, la mayor fuerza de la península en el primer cambio de milenio.
Conocer las grandezas del pasado es la forma más directa para amar a una tierra, en el presente. Y esta idea motriz es el vector determinante de la fiesta de Villadangos y de quienes la hacen posible. El notable panel que reconstruye plásticamente la memorada batalla y el acto teatral que la escenifica, los textos explicativos de los folletos de la fiesta, los cortejos de paisanos remedando la corte leonesa, los torneos de caballeros y los otros actos ad hoc contribuyen a ese objetivo.
Y este año se ha sumado otra estupenda idea: un representación teatral al aire libre que intenta describir el intenso ambiente de la corte leonesa en esa época de esplendor del reino en el siglo XII. La obra, que creemos escrita por algún vecino del pueblo, o quizás colectiva, y representada por actores noveles del propia localidad, es una intento muy meritorio de trasmitir el conocimiento de ese reino del que sabemos tan poco y que es el mejor logro de nuestro genio leones.
Respetando escrupulosamente el marco histórico, la obra trasmite durante dos largas horas, con no poco humor y encomiable arte (para unos actores-actrices amateur) la cadena de intrigas, conflictos y amoríos que hubo de sortear el infante salvado en la batalla de Villadangos por conseguir ese titulo de emperador que significaba el culmen de sus aspiraciones y representa el cenit de nuestro protagonismo histórico como comunidad diferenciada.
Matías González
Sociólogo, ex-docente