Diario de León

LEÓN EN VERSO

Camareros al rescate

LUIS URDIALES

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León

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Un mundo sin camareros sería muchísimo peor, algo que no puede decirse, por ejemplo, de algunos políticos. Menos, de quienes se han empeñado en los últimos años en criminalizar el oficio, la prestancia, incluso antes de que la crisis empujara por miles a jóvenes licenciados a aprender que la cerveza no cae, se tira, hasta que arme un colchón en la copa y deje que el cliente se recueste sobre el hombro de la espuma. Así es de agradecida la función de esta gente que se gana la vida detrás de una barra, y pulula entre mesas de terrazas, y son a la vez psicólogos, confidentes, consejeros, amigos, pese a todos los que viven empeñados en señalarlos despectivamente culpables de que sea la demanda de camareros, y no la de ingenieros en fisión nuclear, la única capaz de darle un susto a la lista de desempleo. Cada mes. La leña a los camareros ya se ha hecho deporte nacional. Lo mismo la interpreta el futbolista adinerado al que la cámara evidenció mientras se burlaba del entrenador del equipo rival por el atuendo —elegante, por cierto— que vestía durante un partido; o se repite en la ración del menú diario de analistas que soñaban con el modelo productivo de Dinamarca y con la fábrica de moneda y timbre de Venezuela. Culpa tendrá el club de los mismos arquitectos sociales que hablan con desprecio de un país de camareros y no exponen tanta oposición a que, de ser país, lo sea de cocineros. Tal que la comanda emplatada pudiera trasladarse desde el santuario de la cocina al paraíso de la mesa, por ciencia infusa. Entre las tablas para una vida social sana se recomienda un camarero de cabecera, siempre dispuesto a encajar e hilvanar los problemas que le vomitan a diario; el bar, al que siempre se lleva todo y del que nunca sale nada. La de camarero es una dedicación tan acometida que se pasa por alto la ocasión, siempre seductora, de que te afine el café alguien que cuenta con formación académica y conocimientos para poner un satélite en órbita; hay camareros ingenieros, periodistas o economistas; y, sobre todo, dispuestos a no perder la batalla. Por eso hoy se puede sumar tanto porcentaje de españoles en Escocia como leoneses en Ibiza. Y no tumbados al sol, que en mitad del Mediterráneo tiene el regusto frío de la de morriña.

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