Facturas atrasadas
E n septiembre siempre les llega la hora a los reproches y a los balances y la Moncloa le pide explicaciones a los servicios de inteligencia de Estados Unidos sobre el atentado de La Rambla de Barcelona. Otra cosa es que quieran darlos, pero algo sí sabían, aunque no fuera todo. ¿Por qué el Govern negó que los Mossos no sólo accedieran a esos datos, sino que los tuvieran? La inteligencia ha sido definida como un estado de alerta continuo, todo lo contrario a no querer enterarse de las cosas hasta que ellas exploten y despierten incluso a Puigdemont, que era el que estaba más cerca. Ahora debe explicar por qué negó el aviso, mientras Pablo Iglesias y la alcaldesa Colau llaman a una Diada alternativa para defender la llamada ‘soberanía catalana’. Los Mossos tenían los datos, salvo el número de muertos, pero ahora deben explicar su silencio y eso sólo se hace callando más cosas y reclamando facturas antiguas.
Todo esto sucede mientras el huracán ‘Harvey’ sigue emitiendo señales de que los dioses no nos quieren. Se han llevado por delante a 46 personas y han causado pérdidas de unos 125.000 millones de dólares, que traducidos vienen a ser 105.000 millones de euros, cifra con la que podríamos evitar que ningún niño que viva en Europa, venga de donde venga, se pueda morir de hambre. Lo que llamamos ‘derecho a decidir’ sólo puede ejercerse entre contemporáneos y en mi bien amada tierra de Málaga se discute ahora si hay que añadirle la torre que le falta a la catedral. ¿Estaría mejor la Venus de Milo con sus brazos? No seré yo, pobre de mí, quien opine, porque cercano a los noventa años me queda muy poco tiempo para seguir siendo contemporáneo.
Que sea lo que ustedes quieran que sea, que yo siempre soñaré con ella cuando no la vea y las facturas se las pasen a otros, que es la mejor manera que tenemos para ser recordados.