Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Leo en un titular de este periódico: «El ejército de estorninos vuelve a la ciudad». De nuevo, zigzaguean por el cielo de León. Son muy estridentes, vale, pero también los macarras nos torturan desde sus coches obligándonos a escuchar su insufrible repertorio. Y cagones, pero tampoco es que los mozos y las mozas lo dejen todo muy limpio tras una noche de botellón. Pese a todo, los estorninos vienen en son de paz. A mí, ejército por ejército, me preocupa más Jong y su empecinamiento con liarla a misilazos. Por cierto, Puigdemont acaba de anunciar que cuando sean república independiente crearán un ejército de 30.000 efectivos. Seguro que algún amigo de los Pujol tiene una fábrica de cascos, y no precisamente de gaseosa. ¿30.000? Toma del casco, Carrasco. ¿Y armados con qué, con fuet? Seguro que hay otro amigote de los Pujol que tiene un negocio de pólvora. Conllevaría un pastón en corazas, galones y teléfonos para preguntar si está el enemigo. Gran negocio a la vista, para los de 3%, que a estas alturas ya deben de andar por el 15. La CUP ha replicado a Puigdemont, a través de la diputada Serra: «Presidente, no es ético utilizar los dramáticos atentados para justificar la necesidad de un ejército. Nada justifica el militarismo». Pero este no es sinónimo de ejército, sino de utilización abusiva del mismo. ¿También cree esta diputada que nada justifica la defensa? Me pregunto qué dirá Ana Colau, quien anunció con irrespetuoso desparpajo a dos militares que su presencia no era grata en el Salón de la Enseñanza de Barcelona. Al general de Podemos, Julio Rodríguez, mejor no preguntarle, es más raro que un perro verde.

Guerra sucia por guerra sucia, me quedo con la de nuestros estorninos. De sus bombardeos nos podemos proteger con el paraguas. ¿Pero cómo protegerse de tanta irresponsabilidad política, de tanto narcisismo y coqueteo con el caos? Y ya lo dice el refrán: «Estorninos y pardales, todos quieren ser iguales».

Es llegar y convertirse el cielo en una gran serpentina viviente. Aun así, nada tienen que ver con los pájaros de Hitchcock. Están de paso y se dan atracones de mosquitos. Su sentido de la higiene es perfeccionable, pero, pájaros por pájaros, me quedo con los estorninos.

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