Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Según el ADN, Pilar Abel no es hija de Dalí. Tampoco soy el gemelo de Puigdemont y todavía, la semana pasada, iba paseando con mi mujer y nos cruzamos con alguien que dijo a su acompañante: «Clavadito». Vale, pero cada uno con sus genes. Insisto en la diferencia no vaya a ser a mí y no a él a quien detenga la Guardia Civil. En fin, la presunta hija de Dalí debió de ser fruto de otra aventura. La verdad es que a poco que se haya leído sobre él encaja más en el título de uno de sus cuadros más famosos: El gran masturbador. Fue y es uno de los mejores artistas de la historia de la pintura, pero ni siquiera el surrealismo pudo hacer de él un calavera. Gala le salvó, porque le permitió ser un eterno niño caja registradora. Vela Zanetti me contó que coincidió con él en los pasillos de las Naciones Unidas. Se indignaba al recordar el interrogatorio al que le sometió para saber cómo había logrado que le dejasen un espacio, pues él no lo había conseguido pese a estar dispuesto a donar una obra de gran formato. La ONU no admite cesiones de particulares, sino de delegaciones de países miembros, y las mismas han de haber sido aprobadas antes por la comisión de arte. En su caso, hubo además otras razones para el rechazo: su apoyo al franquismo. Por cierto, Dalí dejo al Estado español su legado. Junqueras ya ha advertido que las obras del pintor en museos estatales españoles han de incorporarse a las futuras negociaciones. Ya, pero tiene no calle en Barcelona. Les parecía un español con barretina.

Lo de Junt pel Si y la Cup no ha sido pincelada fina. Surrealismo chusco, entre fuerzas políticas que no tienen más lazos entre sí que la ruptura con España. Sin desmerecer a otros partidos e intervenciones, a derecha e izquierda, dos mujeres encarnaron al Estado de Derecho: Soraya Sáenz de Santamaría e Inés Arrimadas.

Silván y Óscar Puente seguirán juntos el encuentro futbolero del domingo. ¿Qué importa que uno sea leonés del PP y otro pucelano del PSOE? Son alcaldes y amigos. La cortesía forma parte de los deberes democráticos, y aún más la convicción compartida de que lo importante son las personas. Pero ¿cómo llevarse bien con quien juega tan sucio al independentismo, con golpistas de brocha gorda?

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