Diario de León

LEÓN EN VERSO

Plantar pinos para traer a Panorama

Luis Urdiales
León

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León progresa cuando sopla el gallego, que trae lluvia y provisiones para la despensa; si soplara el gallego, la provincia leonesa no sería hoy un erial detenido en el tiempo. Desde mayo, por lo menos. Los que inventaron el mapa del 78 no tuvieron en cuenta que el progreso corría por las sendas que siguieron los arrieros, los que arreaban ocho mulas y calzaban media alta, que lograron distinguir este territorio como cruce del mundo, entre el non plus ultra y la corte, los pioneros en hacer del camino un surtidor de riqueza endógeno. El viento del este no trae más que exterminio; cruje el rostro, prepara el cutis para el entierro, alisa los trigales, devasta los cultivos, arruina los graneros. El viento del este es un atraso; y aviva los incendios. También los forestales. Alienta la política que se basa en la devastación, la política que interesa, la de destruir la diferencia; la del bosque frente al pedregal, la de la montaña ante la mansedumbre del sisón y el letargo del alcaraván. Sopla el este, prenden la cerilla, avanzan las llamas del estatuto de autonomía. León está hoy a 20.000 hectáreas menos de poner cara de meseta, de convertirse exactamente en lo que no es y el boletín oficial pretende que sea. Para lograr el fin del proyecto de ley basta con que cuando vuelva a empujar el Atlántico haya tizones en vez de roble. El monte iba a salvar de la condena que se dicta en el hemiciclo. Pero así será imposible. «A riqueza no monte non é plantar pinos para traer a Panorama» proclamó este verano un alcalde de Orense, no sin un aluvión de leña. A palo seco, la reflexión del regidor de Verín nos recuerda que en León sumamos medio siglo en plantar coníferas y dos décadas de inversión de las migajas que dejan las madereras de tierras lejanas en pagar vicios. Si los señores licenciados quisieran, hoy mismo pedirían un extracto de la cuenta corriente del fondo de mejora de los montes; a ver cuánto dinero hay en septiembre y cuántos ceros estaban al llegar el año; es una metáfora, pero esa cartilla existe, a pesar de que los profetas de la nueva política no se han querido enterar entre ida y vuelta con kilometraje por la N-601. Terminarían de aclarar el principio y el final de León con la lista de comensales y anfitriones de la cabaña de Río Camba. Ay, si soplara el gallego.

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