TRIBUNA
La lealtad que se echa en falta de Cataluña
E l periódico relevo que puede producirse en la dirección política de una administración sea local, autonómica o estatal, no puede verse de ninguna manera comprometido con la actitud recelosa, reticente y hasta hostil hacia quienes constituyen el soporte técnico de la administración, y por tanto, son los encargados de llevar a cabo, las directivas y planes elaborados por aquellos que han asumido responsabilidades de gobierno, ofertando a la sociedad un programa que ésta a aceptado mayoritariamente y democráticamente.
Surge aquí con todo el significado una de las más excelentes virtudes del funcionario que se precie sea civil o militar, ¡la lealtad!, una lealtad difícil, a veces incomoda, por cuanto supone una disposición sin reserva alguna al éxito de una gestión política, pero tiene la obligación moral y profesional de servir desde su puesto técnico a la administración contribuyendo con su esfuerzo personal al logro de aquello, si es legítimo.
Esta ¡lealtad! a ningún buen funcionario se le debería discutir, y supone sin dudas la mayor garantía a la estabilidad democrática, y también lo podíamos llamar la verdadera ‘servidumbre y grandeza’ de su profesión.
Uno rechaza pues cualquier tipo de maniobra funcionarial y condena el oportunismo, y la intriga de algunos funcionarios, que olvidando su condición se suben al carro circunstancial halagando la vanidad del político con la esperanza de mejorar su estado profesional, obtener prebendas o no perderlas.
De igual forma reniega de aquellos otros, que también los hay, que dificultan la labor de los equipos de gobierno y de los cuerpos de seguridad no colaborando con sus mandos naturales, adoptando posturas equívocas, y abonándose a la crítica sistemática. En una palabra ejerciendo deslealmente su función.
Sin embargo ,esta imprescindible lealtad, exigida al funcionario civil o militar en el ejercicio diario de su trabajo profesional, también puede verse afectada por la mala interpretación de parte del político de turno.
La colaboración honesta, leal y entusiasta de una funcionaria, con el legítimo equipo de gobierno en ocasiones parece molestar a los que aspiran gobernar, adjudicándoles frívolamente etiquetas partidistas. Este recelo infundado hacia el funcionario leal, sobre todo para aquellos que poseen responsabilidad de jefatura, es un hecho que lamentablemente se produce con frecuencia en nuestras administraciones, siendo posteriores victimas de un posible relevo o como mínimo de censura.
La defensa del funcionario leal es ‘la obediencia debida’ y ésta está condicionada al estricto respeto a la legalidad, que debe ser observada tanto por quien manda, por quien obedece, sin que este último pueda alegar su condición de subordinado si lo que ejecuta o se le manda atenta contra las leyes.
Señor mayor de los Mossos de Escuadra de Cataluña (España) sea leal con sus hombres. Sea leal como funcionario. Sea leal con el coronel de la Guardia Civil que legalmente está nombrado para coordinar todo los cuerpos de seguridad de Cataluña. Sea leal con el Gobierno de España, con su Constitución que usted juró o prometió, y por su edad deduzco que juró bandera. Sea también leal a ella.
Estoy seguro que tendrá grandes méritos académicos y hasta profesionales, no los pierda, y recordarle que los políticos le pueden sancionar y condecorar, pero los tribunales de justicia le pueden inhabilitar y habilitar.
Me despido de usted con un saludo militar con gorra. Me gustaría que fuera con tricornio. Como sabe, o debería saber, el saludo entre militares constituye una muestra de respeto mutuo. No le tiendo la mano por la distancia que existe entre los dos.