Diario de León
Publicado por
Jaime Lobo Fernández afiliado del PP en cuadros
León

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E n los relatos infantiles de toda la vida, y en muchos de los actuales, siempre hay una clarísima diferencia entre el bien y el mal, probablemente para que el nivel cognitivo de los niños asuma esos conceptos, si enredarle demasiado en que también puede existir el regular. Ya lo irán aprendiendo con la experiencia de la vida. Pues bien, tu relato publicado en este medio el 29 de septiembre, rezuma ese maniqueísmo por los cuatro costados. El malo malísimo de la muerte (Rajoy y el PP) y nosotros, el concepto más elevado de la bondad infinita. Con vosotros pasaríamos de vivir en las tierras de Mordor, a vivir en el país de tarta de fresa y sus amigas.

Ana, probablemente la mayoría de los lectores del periódico sean personas adultas, con más o menos criterio, pero adultas, que no esperan de toda una diputada nacional un relato tan simplista. Claro que ese planteamiento maniqueo y demagógico se vuelve en tu contra porque si en este país el Partido Popular está gobernando se debe a que gano unas elecciones. O bien consideras que los votantes están abducidos por alguna extraña criatura que no les permite ver más allá de sus narices, o que la alternativa, o sea los creadores del país de tarta de fresa, es tan pobre que mejor quedarnos con lo que hay.

Acusar al Gobierno de vulneración de derechos es una acusación muy grave, deberías enumerarlos y acreditarlos, e inmediatamente, acudir a los tribunales de justicia correspondientes. Yo sería el primero en aplaudirte hasta sangrar.

Puedo convenir que sería infinitamente mejor que el diálogo hubiera imperado en esta situación. Puigdemont no acudió al Parlamento a explicar su proyecto y a dialogarlo con los representantes de todos los españoles. Claro, hubiera ido a imponer, y luego ya dialogaremos como vas gestionar mi imposición. Pero en tu diatriba no hay ni el menor asomo de critica a la otra parte, a la parte que, esta vez ¡sí!, ha pisoteado los derechos de los parlamentarios catalanes de la oposición y por ende de los catalanes a los que representan, así como intenta socavar el derecho de todos los ciudadanos de este país recogido en el artículo 1.2 de la Constitución, (que habrás jurado o prometido acatar, por imperativo legal, para cambiarla, por lo que quieras, pero acatarla) le recuerdo: «La soberanía nacional reside en el pueblo español…», incluidos tu, yo, los catalanes, los miembros de tu formación y sus votantes. Esa parte que está actuando al margen de la Ley, no de las instrucciones del Gobierno del PP, al margen de las decisiones judiciales del Tribunal Constitucional, del TSJ de Cataluña y otros tribunales. Estás en una institución que precisamente se encarga de legislar para todos los españoles, leyes que deberán cumplir cuando salgan del Parlamento, gusten más o menos. Así funciona el Estado de Derecho.

La Democracia no es un self-service en el que uno puede elegir que leyes le gustan y cumplirá, y cuáles no. Es el poder judicial el que está actuando en Cataluña, aunque si tu análisis se basa en que no crees en su independencia ni en su obligación de velar por el cumplimiento de la ley, se valiente y dilo. Has pasado de puntillas…, ni siquiera, levitando, sobre Puigdemont, Forcadell, Junqueras…, a los que el Tribunal Constitucional ha advertido que todo este proceso es ¡ilegal! ¿Respetas. sus resoluciones y consideras que se dictan para cumplirse? ¿O son papel mojado? ¿Cuál es tu temor y el de tu formación para no repudiar las ilegalidades que tratan de cometer? No acierto a entenderlo. Por cierto, Ana, muy feo, y otra vez maniqueo, arrogarse la capacidad de discernir donde está el verdadero periodismo y donde »la maquinaria mediática del fango». Muy feo.

Para mí, la Constitución española, y no por romanticismo, ni sentimentalismo, así como todas las leyes que emanan de la misma, es el pilar básico sobre el que se sustenta la tranquilidad que me da vivir en este país, siempre y cuando se respete y acate su cumplimiento. Son las reglas del juego. Iguales para todos. Y al que cuenta 40 en vez de 20 cuando manda para casa al rival, mejor no dejarle jugar. Por supuesto que no es inamovible. Probablemente podemos compartir algunos aspectos que tienen que cambiar en una Constitución de hace 40 años. Pero, mientras tanto, espero que los diputados y diputadas del Congreso, los senadores y senadores del Senado, elegidos por todos los españoles, que están sentados en sus escaños gracias a un procedimiento recogido en ella, la defiendan con muchísimo más ardor que el que muestran en defender, precisamente, a los que quieren contar 40. Sin acritud y agradeciéndote sinceramente y con respeto, aunque no compartamos posiciones políticas, tu dedicación al servicio público.

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