cartas al director
c Dámaris Uría escribe sobre el ‘¿«Bautizo» a treinta calles leonesas?»: «El jueves el Diario publicó la noticia de que León tiene que ‘bautizar’ 30 de sus calles, con la casualidad de que salió una foto de la calle donde vivo. En ella hay una plaquita con ‘su nombre’ o con un nombre, que es el que los aproximadamente 300 vecinos tenemos puesto como dirección en el DNI, pasaporte, compañía del gas, la luz, el banco, Hacienda, Tráfico... Quisiera hacer llegar a León mi indignación y la de muchos de mis vecinos con eso de que no sepamos cómo se va a acabar llamando nuestra calle, y si al final el nombre cambia... ¿quién va a hacer el papeleo de todos los vecinos de todos los sitios donde tenemos que cambiar nuestra dirección? Eso sin contar que no sé si nos cobrarán por cambiarlo en sitios como DNI, pasaporte... Como norma general las personas tenemos más cosas que hacer, como trabajar, que nos dificultarán en gran manera todo el papeleo que pretenden que tengamos que hacer. Señor alcalde, ¿nos va a mandar a alguien a hacernos el papeleo? ¿Pasaría algo si la calle se siguiese llamando como indica su placa ahora mismo?».
c Roberto Gallego escribe sobre ‘Ordoño II y su estado’: «Ahora que sale a la palestra la obra que paralizará el centro de la ciudad durante seis o más meses (¿pero de qué obra se trata?) —tiempo impresionantemente largo— nadie ha denunciado o se ha dado cuenta del daño que hace al adoquinado, incluyendo la calle Ancha, los miles y miles de litro de agua que se derrochan sobre esas dos vías. ¿Sólo para que se vea limpio? ¿Y las consecuencias? En todos los sentidos.... En esta era moderna existen métodos de limpieza de las ciudades adaptados perfectamente al medio ambiente y ¡no! dejan charcos durante 24 horas. Esta mañana (día 25), a las 8.00 horas, siguen los charcos provocados la víspera a las 20.00 horas, cuando el operario de turno tenía como misión incomodar con sus mangerazos a todo transeúnte o vehículo que a esa prudente hora estuviera por Ordoño II. Y no olvidemos, el adoquín o placa de la acera que volverá a quedar ahuecada».