TRIBUNA
Había otra Cataluña

P asan delante de nosotros tal cantidad de acontecimientos y a tal velocidad que es difícil pararse en uno de ellos para asimilarlo con calma. No sé si es bueno.
En todo caso uno de los que más me ha interesado ha sido la súper afluencia de gente en la manifestación celebrada en Barcelona días pasados. Me refiero a la inundación exagerada, ahora que desgraciadamente padecemos otro tipo de sequía, de miles y miles de banderas españolas y señeras catalanas. Oye, que gusto.
Esa gente que se lanzó a la calle ondeando, portando, enseñando y presumiendo de esas banderas, sus banderas, no sé si sabrán algún día, el enorme favor que hicieron a muchísimos españoles con el simple gesto, simple pero difícil en esa situación, de ocupar las calles pregonando su nacionalidad. Catalanes y españoles.
Desde entonces debemos reconocer que se ha experimentado un cambio en la actitud de quien hasta entonces eran los mal llamados dueños de las calles. No hombre, las calles son de todos y por ese sencillo principio, otros catalanes, estos sí españoles, decidieron pasear y cantar unidos portando sus banderas españolas de tan difícil presencia en los últimos tiempos.
Claro, esa manifestación, llamó mucho la atención por lo inusual. Nos habíamos acostumbrado a ver gente chillando, insultando, quemando, ensuciando y metiéndose con quien no compartía sus ideas. Y apareció, entonces esa otra Cataluña que estaba quieta, observando y aguantando lo que veía cada día, la Cataluña del Seny, de la educación, de la tolerancia, del trabajo, etc, etc. Esa Cataluña que existía pero que estaba callada y que, como se demostró en la manifestación, era mayoría. Fueron muchos los que, bandera en mano o enrollada a sus cuerpos decidieron hacerse presentes en las calles diciendo; aquí estamos nosotros que sí existimos.
La alegría y el reconocimiento que expresaron miles y miles de españoles solo es comparable a la enorme sorpresa y decepción que se hizo presente en los hasta entonces visitantes asiduos de las calles.
Fue un ejemplo para todos los ciudadanos, que eran testigos de cómo la unión y la decisión de hacerse ver puede, a menudo, aclarar las cosas y poder evaluarlas en su justa medida.
Ya se que después han pasado muchas cosas y más que ocurrirán. Decía al comienzo de este artículo que la velocidad de los acontecimientos nos impide la tranquilidad para evaluarlos. Lo que sigue ocurriendo desde la manifestación en adelante confirma lo que digo. Pero veremos mucho más, seguro.
De momento el ridículo espantoso que el expresidente Puigdemont y algunos de sus exconsejeros, han hecho con ese viaje, casi escondidas a Bruselas. Cada uno puede pasar el Halloween donde quiera pero este señor, ya es mayorcito para hacer esas cosas. Y después está el ex vicepresidente Junqueras.
Ese maneja los hilos desde bastidores. No habla, no sonríe, no usa corbata, no hace gestos, pero actúa en la sombra.
Y quizá consiga su propósito al final, una vez hayamos pasado por Alcalá Meco, claro. Muy de Halloween también, aunque éste no necesita careta.
Vemos a los excursionistas a Bruselas haciendo el ridículo y recordamos la manifestación de las banderas y no tenemos más remedio que celebrar que, los de las banderas con su decisión han demostrado, lo que hace unos años pregonaba el sr. Obama. «Yes we can». A pesar de todo. Una vez más un llamamiento a la unión. Esa es la clave.
La fecha del 21 de diciembre va a tener más fama y más suerte que el despacho de loterías de La Bruxa, de Lérida, que, por cierto también ha salido de Cataluña. Y digo suerte porque ese día 21 con las elecciones anunciadas será el momento de dar un portazo a lo que se ha vivido en los últimos meses aunque estaba incubado desde los últimos años. Y no nos dábamos cuenta. ¿Qué ha cambiado aquí para que ahora se vislumbre el futuro con esperanza y optimismo?
Que, efectivamente, había otra Cataluña.