CUARTO CRECIENTE
Las Sinsombrero
Tres mujeres se quitaron el sombrero un día de viento, seguro, mientras atravesaban la Puerta del Sol. Las acompañaban dos hombres que también descubrieron su cabeza para que sus ideas volaran en libertad, sin ningún tipo de prejuicio. A ellas, Margarita Manso, Concha Méndez y Maruja Mallo, las llamaron Las Sinsombrero y se dedicaban a la poesía y a la pintura. A ellos todo el mundo los conoce un siglo después de aquella performance tan cautivadora; Dalí y García Lorca. Todos salieron de allí «a pedradas», según contó después Maruja Mallo.
Un hombre sin sombrero en aquella España de 1927, gobernada por un dictador —Primo de Rivera— y a punto de alumbrar a la mejor generación poética desde el Siglo de Oro, era una provocación. Un hombre bien educado, me refiero. Un hombre de posición. Un hombre de orden. Pero una mujer sin sombrero era una revolución. Un órdago, un desafío. Porque una mujer con el cabello al viento o a merced de la lluvia no se conformaba con ser madre y esposa, criada o señora, y reclamaba un espacio a la altura de los hombres.
En aquella España las mujeres no habían votado nunca. Eran pocas las que se abrían camino en un universo masculino. Y las que lo hacían, como la generación de Maruja Mallo, Rosa Chacel o María Zambrano, ocuparon un lugar secundario. No les dejaron hueco en las antologías y por eso hoy las conocemos como Las Sinsombrero.
Cien años después las mujeres trabajan, votan, se divorcian, pueden abrir una cuenta bancaria sin el permiso de su marido. Pero mueren más que nunca a manos de sus parejas, sufren acoso sexual, ganan menos, mandan poco, y sólo con cuentagotas se les empieza a reconocer su talento. Por eso inclinen la cabeza ante Rosa Montero, que acaba de ganar el Premio Nacional de las Letras y es la sexta mujer que lo consigue en 34 años; ante Cristina Fernández Cubas, la sexta galardonada en 74 años con el Nacional de Narrativa; ante Ángeles Mora, también la sexta poeta en 69 en recibir el Nacional de Poesía; ante Adela Cortina, en 2014 la cuarta escritora que obtuvo el Nacional de Ensayo en 28; y ante Elena Poniatowska que en 2013 fue la cuarta y última mujer en 42 años que logró el Cervantes. Ante todas ellas, por favor, quítense el sombrero. Quítenselo. Y no lo hagan sólo por educación.