LA LIEBRE
Homo decathlonensis
El homo urbanitas decathlonensis, al que han convencido de que salir a la naturaleza está de moda y se esfuerza por no contradecir las corrientes imperantes, con el mismo empeño con el que pide gin tonic de fresa para soportar el amargor o bebe vino desnatado de taninos y endulzado para enmascarar los tonos agrios, se ha convertido en la nueva especie depredadora. El fenotipo ocupa ya hectáreas de montaña cada fin de semana y fiestas de guardar con la arrogancia de quien se sienta en casa y pone los pies encima de la mesa. Los hay a miles: inocentes y despreocupados, bobalicones e ingenuos, se internan en el monte, tras asegurarse de que la batería del móvil rebosa y existe cobertura, prestos para vivir una aventura como las que salen en la televisión. Convencidos de que esa ficción les protege de unas leyes que rigen desde antes de que salieran de la cueva los hombres prehistóricos de Arintero, confunden parque natural con parque de atracciones. No es raro entonces que lo mismo despeñen a un jabalí por un barranco al encontrarlo en una caleya de la ruta del Cares, sin perder la ocasión para grabarlo en vídeo mientras se jalean unos a otros como si se tratara de un mamut, que asedien a un oso en el Alto Sil, hasta obligarlo a cruzar una carretera, para lograr una foto.
El auge de la especie encuentra hábitat favorable en la domesticación de la naturaleza que han promovido las administraciones para poder venderse como defensoras del medioambiente. Como resultado se da la percepción de un espacio sin riesgos, ni límites, ni mucho menos obligaciones, en la que el nuevo homo se ve reflejado en la sociedad del estereotipo Disney, en la inanidad, en la delegación de las responsabilidades en manos de las instituciones que deben garantizar incluso su seguridad en medio del monte. Igual suben al Susarón en chanclas que se aventuran a mirar a Peña Ubiña a la cara sin preparación alguna, da lo mismo las condiciones meteorológicas, porque luego esperan a que lleguen a jugarse la vida por ellos los chavales del Greim. El nuevo producto evolutivo, que no tiene nada que ver con aquellos cazadores auténticos que protegen el monte más que su casa, desconoce que en un momento dado, aunque su primer instinto sea huir del hombre, el lobo muerde, la osa defiende a sus crías y el jabalí tiene dos puñales que descosen la carne con más saña que el pitón de un mihura. Esa es su naturaleza.a este ritmo, no seremos los últimos en extinguirnos.