Diario de León
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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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A nadie se le oculta que el de hoy es mucho más que el primer día de la campaña electoral de unos comicios. A estas alturas resulta ocioso subrayar todo lo que está en juego el próximo 21-D en Cataluña, que va mucho más allá del grave conflicto institucional provocado por el desafío secesionista.

En realidad, sea cual sea el resultado, a partir del 22 nada será igual en la política catalana. Incluso en el caso de que el bloque independentista revalidara su mayoría absoluta, el gobierno resultante no tendría más remedio que dejar aparcada para más largo plazo una vía unilateral que ha resultado un clamoroso fracaso para el secesionismo y, lo que es peor, un absoluto fiasco para los intereses generales de la población catalana. No digamos si el resultado es un gobierno transversal de coalición, para cuya gestación resultará condición sine que non que el componente ‘indepe’ (presumiblemente ERC) renuncie expresamente a cualquier devaneo unilateral.

Por mucho que Puigdemont se desgañite desde Bruselas defendiendo lo contrario, el repliegue estratégico del secesionismo es inevitable. Otra cosa es que con ello se consiga recuperar la plena normalidad política e institucional, algo harto difícil mientras Junqueras siga en prisión preventiva y Puigdemont ‘autoexiliado’. Sobre el problema de fondo, el encaje constitucional de Cataluña, queda por ver si el bloque del 155 es capaz de alcanzar el consenso imprescindible para reformar la Constitución, lo que también se antoja ciertamente complejo habida cuenta de las posiciones radicalmente opuestas mantenidas a priori por PSOE y Ciudadanos.

En escenario paralelo discurre la sacudida que el terremoto catalán ha producido en el tablero de la política española, alterando abruptamente los cauces por los que avanzaba la legislatura. Pese a no disponer de mayoría, Rajoy venía gobernando con gran placidez, sin mayor problema que el de conseguir sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, como hizo el pasado año gracias al PNV. Y en su defecto, disponía de la bomba de relojería de convocar anticipadamente elecciones generales con la expectativa de mejorar los anteriores resultados del PP.

Pero esta expectativa se ha venido súbitamente abajo ante el arreón electoral de Ciudadanos, que ha capitalizado en su favor y en detrimento del PP el sentimiento español de rechazo al independentismo. De ahí que Rajoy, desprovisto de ese arma, haya optado por alargar la legislatura, aun a costa de una concesión como la del ‘cuponazo’ vasco, que ha suministrado todavía más munición a los de Albert Rivera y ha enrarecido aún mas el aplazado y peliagudo problema de la financiación autonómica. El ‘procés’ lo ha complicado todo.

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