Un alcalde franquista
M i tío, don Celso López Gavela, hermano de mi madre (que uno es Gavela por parte de padre y de madre) fue el primer alcalde democrático de Ponferrada después de la dictadura franquista. Mi tío, socialista, que llegaría a senador por el PSOE y presidente de ese partido en la provincia, era y es un hombre de bien. De vida sabia y moderada, austera incluso. Un hombre que a sus 92 años sigue con nosotros, aunque de un modo difícil, en su casa, también sencilla, que ha sido su única propiedad en la vida. Aunque la maledicencia le hizo dueño de chalets en Portugal. Pues bien, Celso López Gavela tuvo un detalle justo y valiente, cuando propuso a la corporación municipal, que aceptó, dar el nombre de Luis García Ojeda, uno de sus antecesores, al viaducto que une la Puebla y el barrio alto.
Ese viaducto que se inauguró en 1971, y que nos parecía un prodigio a los vecinos de Ponferrada que habíamos vivido, en mi caso en la infancia y adolescencia, en una especie de urbe sitiada. Porque solo se conectaban la zona antigua y la Puebla por el estrecho puente llamado de Cubelos. Y no solo la ciudad, porque todo el tráfico rodado entre la meseta y Galicia pasaba por ahí. Lo que hoy se antoja inimaginable.
¿Quién fue García Ojeda? Fue un buen alcalde de Ponferrada. Un señor que era contable de una empresa minera. Un señor educado e irónico, de vida modesta, y que fue elegido, por supuesto antidemocráticamente, para dirigir esta ciudad nuestra y querida. García Ojeda fue un alcalde sensato, laborioso, educado, luchador por su ciudad. Un hombre que nada tuvo que ver con la barbarie franquista. Un hombre de bien, y por eso el ayuntamiento de Ponferrada lo honró como se merecía. Porque no todos los que tuvieron cargos en el franquismo fueron asesinos. Ni cómplices de asesinos. No digamos en los últimos tiempos del régimen. ¿O también Adolfo Suárez, ex ministro de Franco, fue un siniestro criminal fascista?
En Ponferrada ha estallado una polémica necia, protagonizada por la izquierda sin votos y por la USE, esos ex socialistas locales que lloran cada noche por haber sido expulsados, tan legítimamente, de sus antiguas filas, donde anhelan volver. Y donde no volverán. La USE, los que eran del PSOE, se alinea así contra una decisión lúcida y consecuente del principal líder de su partido en la ciudad durante los últimos 40 años, Celso López Gavela. A quien, curiosamente, honró también la USE, desde su efímera y polémica alcaldía, cuando promovió su nombre, con acierto, para al puente que une los barrios de San Ignacio y el Campo de los Judíos.
En fin, que una cosa es la memoria histórica y otra el fanatismo. Con gente así —tan tolerante, muchas veces con el golpismo secesionista— no habría habido ni transición, ni recuperación de la democracia desde el diálogo y la generosidad, ni nada. Solo gritos y una triste mezcla de tedio y de odio.