Diario de León
Publicado por
EL CORRO PEDRO VICENTE
León

Creado:

Actualizado:

N o es cuestión de esquizofrenia. En cualquier político que se precie conviven con toda naturalidad sus particulares Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que afloran distintamente en función de las circunstancias, el interlocutor o la audiencia destinataria del mensaje.

Si esto es así de ordinario, no digamos ya en campaña electoral, momento en el que se impone la brocha gorda sobre el matiz del pincel. Y con la que ha caído en los últimos meses, Cataluña no iba a ser precisamente la excepción. Visto, por ejemplo, el discurso del candidato del PP, García Albiol, que hoy suscribe de la A a la Z José María Aznar. Cómo no recordar aquella frase del entonces presidente asegurando que hablaba catalán en la intimidad.

Aznar acababa por fin de derrotar a Felipe González y necesitaba los votos convergentes del ‘molt honorable’ Jordi Pujol para encaramarse a La Moncloa. Y si hubieran sido los del PNV, no habría dudado en proclamar su pasión por el euskera... Quienes conocían a Aznar, un madrileño que presidió Castilla y León disfrazado de vallisoletano, saben que los catalanes por lo general le reventaban. Incluso se le atribuye la frase «¡Que bonita es Cataluña... sin los catalanes», supuestamente pronunciada durante un viaje compartido con el burgalés Juan Carlos Aparicio, aquel que fuera ministro de Trabajo.

Hemerotecas y videotecas no dejan títere con cabeza. En las elecciones autonómicas de 2015 la plana mayor del PP, con Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría a la cabeza, desfilaron en un vídeo pidiendo el voto en catalán.

Tenían que hacerse perdonar la masiva recogida de firmas realizada en 2006 en toda España contra la reforma del Estatut, una campaña que destilaba anticatalanismo por los cuatro costados y que derivó en caldo de cultivo para un primer boicot a los productos catalanes. Al punto de que el propio Rajoy tuvo que protagonizar otro vídeo electoral compendiando las virtudes catalanas: «Me gusta Cataluña, me gustan sus gentes, su carácter abierto, su laboriosidad; son emprendedores, hacen cosas, exportan..».

Todo lo anterior tiene obvia explicación. Más difícil de entender es la pifia mariana de localizar en Inglaterra el origen del parlamentarismo europeo.

Más allá de su propósito de regalar los oídos al gobierno británico, resulta inconcebible que el presidente del Gobierno de España ignorara que este título de antigüedad lo ostentan los Decreta de León de 1188. No solo porque así lo reconoció la Unesco en 2013, sino sobre todo porque las instituciones leonesas gobernadas por el PP llevan gastada una pasta gansa promocionando León como Cuna del Parlamentarismo. ¡Y Rajoy, que cursó el bachillerato en esta ciudad, sin enterarse...!

tracking