Diario de León

EDITORIAL | Efectos claros de la despoblación y opción para cambiar las cosas

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Las reiteradas alertas que se llevan escuchando desde hace mucho tiempo sobre los problemas estructurales que sufre la provincia de León quizá incluso se quedaron cortas en sus diagnósticos sobre los efectos reales. La despoblación y el envejecimiento poblacional se han disparado en este arranque del siglo XXI porque a las tendencias arrastradas desde hace décadas se sumaron de manera drástica las consecuencias directas de la crisis económica y la paralización en seco de sectores que habían sido fundamentales para la provincia, y de manera especial con el adiós traumático de la minería del carbón.

El diagnóstico es, sin duda, compartido por todos y quizá haya discrepancias sobre los matices de las causas, y más concretamente si se intentan repartir culpabilidades. Pero lo fundamental ahora es olvidarse del espejo retrovisor, para conseguir alterar las circunstancias que empujan a León hacia una tendencia de claro retroceso y con el inaplazable reto de aunar todas las fuerzas para aprovechar las menguantes posibilidades.

Datos inapelables como el hecho de que 23 municipios de la provincia —con 7.200 habitantes afectados— ya no tienen ningún comercio hacen más urgente si cabe la puesta en marcha de líneas de actuación que faciliten una dinamización económica. Y en ese contexto llega el Diagnóstico de la provincia de León, un documento elaborado por 27 expertos reunidos en torno a la Universidad, que plantea abiertamente la necesidad de que la provincia empiece a olvidarse de la explotación de sus recursos naturales para avanzar en el campo del conocimiento. Sectores como las tecnologías de la información y la comunicación, o el polo químico farmacéutico, son yacimientos con una relevancia notable en estos momentos que facilitan un camino para seguir avanzando con garantías de éxito si se hacen las cosas bien.

Ha pasado medio siglo desde que en 1967 se publicó el Ensayo de diagnóstico económico para la provincia de León por parte de la Diputación. Ahora la ULE toma el relevo con un documento que debería convertirse en una herramienta de trabajo para el diseño de las políticas e iniciativas que se diseñen desde las instituciones, pero también de los agentes sociales, para que esos datos tan negativos que aportan reiteradamente las estadísticas empiecen a mejorarse.

Pensar en milagros económicos a estas alturas es una utopía. Sería estéril, como enrocarse en la queja permanente que sólo sirve para enredarse más y más en envidias o lamentos. La provincia de León tiene una opción para cambiar las cosas. Quizá la última. Sólo con tesón, unidad y desde la reivindicación legítima y útil se puede creer en una futuro esperanzador.

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