Diario de León
Álvaro Caballero
León

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Desde que la información meteorológica se ha comido más de la mitad del parte nos hemos contagiado del vocabulario de los hombres del tiempo. Ahora que se nos van las tardes en elucubrar si el airín fino que viene del norte da pistas de la nieve que hay en los puertos y en calcular cuántas borrascas consecutivas son necesarias para llenar los pantanos, el concepto del frío, que manejamos aquí como si fuera un cromosoma de la carga genética, ha cambiado los parámetros de cálculo. Ya no se tiene en cuenta sólo el termómetro. No basta con mirar en qué escalón por debajo de cero se acoda el mercurio por las mañanas, cuando nos engaña el trampantojo de la cencellada para sacarnos de la cama. Si se quiere afinar, hay que lograr saber cuál es la sensación térmica: esa nota que nos da el cuerpo cuando se combina la temperatura con la velocidad del viento. Hay diferencias. La misma que existe entre los 3.257 habitantes que ha perdido la provincia en los seis primeros meses del año, que apenas son un muesca más en el retroceso aritmético de los últimos 30 años, y el indicador que asienta que en León por cada niño que nace mueren tres personas.

El frío es mucho mayor de lo que pensábamos, más incluso en los núcleos rurales, donde se anotan tres de cada cuatro esquelas. El invierno demográfico que se nos avecina a medio plazo demuestra la eficacia de las estrategias políticas diseñadas desde la Junta para potenciar el desarrollo del arco dibujado entre Valladolid y Burgos, en detrimento del resto, y la pusilanimidad e inoperancia de las administraciones leonesas para adelantarse a los efectos de un modelo productivo caduco, que se ha tratado siempre con parches paliativos. Sin apenas población activa que tome el relevo ni aporte encargos para la planta de maternidad, la realidad se muestra en el diagnóstico elaborado por una treintena de expertos, 18 de ellos catedráticos, que analizan los porqués de las cifras del declive y avisan de que se debe apostar por el conocimiento como motor económico. No es un mal punto de comienzo para la Universidad, que ya toca que piense cómo devolver a la sociedad lo que recibe de ella, en lugar de mirarse el ombligo y limitarse a exportar licenciados para el avance de otros territorios. Ahora ya sabemos la temperatura. Aunque nos intenten confundir, la sensación térmica es aún peor.

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