LA LIEBRE
Cenas navideñas
Por Navidades jugamos al pinball de lo que hemos vivido para que nos devuelva la bola con el eco de lo que contamos. En las cenas navideñas, cual si fuesen pospartidos, citamos a los amigos que tenemos lejos y vuelven a casa como si pidiéramos vez en el psicoanalista, un poco para que nos escuchen y otro tanto para que contrasten lo que somos. No sabemos cuánto hemos protagonizado y qué parte fabulamos. No recordamos muy bien en dónde estuvimos, ni a qué hora nos fuimos para casa esos días de los que hablamos cada vez que estamos juntos, ni si lo hicimos solos o coincide que habíamos tenido suerte aquella noche. Qué más da. No tenemos consciencia de que fuera hace hace tanto tiempo, aunque nos sintamos ya con la sensación de que somos todo aquello contra lo que luchamos cuando teníamos 20 años, como en el verso de José Emilio Pacheco. No nos hace falta que sea verdad, aunque para nosotros no haya duda. Quien venga a contarnos lo contrario miente. Fuimos todo lo que nos recordamos en estos momentos.
Cada diciembre por estas fechas mejoramos. Quedamos para cenar en Navidad con la esperanza de que el olvido no nos coma por los pies hasta encontrarnos arrodillados en el mañana sin saber por dónde vinimos. Ayer, entonces, es lo único que nos pertenece de verdad hoy porque ya sabemos, descreídos y resacosos, que el futuro no nos lo avala nadie, aunque lo pidamos a plazo fijo. Por eso encontramos abrigo estos días entre las personas que queremos y nos quieren, entre los amigos que nos desgrasan todos esos años que hemos pasado a su lado, sin las horas malas y sólo con el recuerdo analgésico de lo que entendemos que nos mejora. Esos momentos que nos pusieron a prueba el carácter. Esos instantes en los que entendimos que la lealtad superaba los límites de la confianza y nos dejaba una deuda pendiente para cuando hiciéramos falta. Esos caminos por los que nos marchamos sin irnos.
Merece la pena no perdernos estos momentos si no queremos quedarnos sin testigos. Estos días siempre existe una buena historia que reinterpretar cuando estamos juntos, a la que sacar punta, en la que buscar un poco ese rastro que habíamos perdido los doce meses anteriores, justo desde las Navidades pasadas o, como mucho, desde aquel mediodía que le robamos al último verano con la excusa de que hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Mirad a ver qué día quedamos para cenar. ¿Os acordáis cuando...?