Diario de León
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julián álvarez gonzález NEUROPSICóLOGO. CENTRO ALOIS COGNITIVA
León

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D esde mi juventud el estudio de la Psicología me ha apasionado, comenzando a trabajar a finales de los años setenta en las diferentes áreas de la psicología relacionadas con la empresa, la educación, la salud y los servicios sociales hasta el día de hoy. Cuatro décadas divertidas y fascinantes en las que me he dedicado en cuerpo y alma al estudio, investigación, publicación, formación, análisis, practica clínica y servicios a la comunidad tanto en instituciones públicas como privadas.

En psicología como en psiquiatría debo decir que no hay nada novedoso a día de hoy. Estamos como hace medio siglo, porque si leemos a los grandes autores de principios del siglo XX, vemos que tienen mucha mayor claridad que nosotros en el planteamiento de los problemas. Todo lo publicado posterior a los años setenta no tiene la mayor importancia pues nadie ha contribuido con algo original. Ambas materias no han evolucionado por muchas razones difíciles de narrar en este artículo de opinión.

Se trata de disciplinas que todavía no tienen un acuerdo sobre cual es su objeto de conocimiento y cuando una ciencia no tiene un modelo y una lógica propia, toman modelos de otras y eso en vez de ayudar ha terminado siendo un obstáculo para su evolución.

Es totalmente contradictorio que haya todavía profesionales que suponen que lo que sustentan a la psiquiatría y la psicología está en otras disciplinas y eso no es verdad, pues la única forma de hacer evolucionar a la psicología y psiquiatría sería a través del método experimental. Aun existiendo mucha confusión en dicho método hemos de ver donde se origina y como eliminarla.

Los psicólogos y psiquiatras tomamos términos de lenguaje ordinario y caemos en el desconcierto de que esos términos describen algo que en realidad no ocurre.

Por ejemplo, cuando decimos que tal persona tiene buena memoria, significa que tiene algo más cantidad que otra que tiene mala memoria, de ahí surge la pregunta de cual es la ubicación de la memoria y empezamos a buscarla, pero no podemos encontrar la localización de un concepto tan confuso. El hecho es que llevamos un siglo y medio estudiando la memoria y no sabemos más de lo que sabe la gente ordinaria.

El método experimental aunque nos ayuda a aclarar los problemas, no es garantía de nada si no existe una teoría clara y una lógica coherente que sustente la aplicación del mismo.

Estamos viendo que lo que esta pasando ahora a la ciencia, al contrario de lo que la gente cree, es que ésta no está basada en criterios racionales y objetivos si no que esta asentada en opiniones, creencias y sobre todo en intereses de grupos muy poderosos.

Probablemente sea cuestión de la evolución de estas materias que nos ocupan, como ocurrió con otras como la biología, la química o la física en otros tiempos. Normalmente las tradiciones científicas que dominan no quiere decir que sean las correctas, sino que son aquellas que prevalecen por factores sociales, económicos, históricos, religiosos o ideológicos que nada tienen que ver con la dinámica de la propia ciencia. Por ejemplo, a Galileo lo iban quemar porque afirmó que la Tierra se movía alrededor del Sol; en mi caso unos colegas catetos, farsantes y cobardes metidos a politiquillos y sus esbirros/as a sueldo distribuidos por todo el territorio nacional e incluso internacional como agentes de la CIA me colocaron contra la pared llevándome al abismo por no participar en sus prácticas corruptas, defender mis criterios profesionales y mis derechos personales.

En psicología y psiquiatría, con sus aplicaciones a día de hoy, no van a ninguna parte. Por ejemplo, el desacuerdo científico es total en torno a los tratamientos psicológicos actuales y sin embargo vemos cada día una gran proliferación de escuelas y programas de psicoterapia así como de terapias con sustancias psicoactivas que ocasionan más daños que beneficios a nuestros pacientes.

Esta tendencia en psicología y psiquiatría persistirá pues somos los propios profesionales los que no estamos de acuerdo ni siquiera en definir que es un hecho psicológico.

Habrá que esperar siglos para que ocurra un cambio y ponernos de acuerdo sobre que es lo mental y para entonces yo no estaré vivo para contarlo.

El caos de estas materias es de tal calado que la gente cree que son una producción aplicada y no es así, la psicología es una ciencia básica. Como profesiones no tienen sentido porque no existe nada que se llamen problemas psicológicos. La psicología y la psiquiatría no son una profesión ni deberían serlo, pero ya que nos dan ese derecho, ejerzámoslo éticamente expulsando a estos psicópatas ineptos de ellas por el bien de todos.

El arriba firmante piensa que una disciplina como la psicología bien fundamentada debería sustentar tanto los procesos educativos como los sanitarios y sociales en la parte técnica y creo además, que muchos profesionales lo podemos hacer bien. Pero algunos no sirven para ello pues lo estamos viendo día a día desde que algunos psicólogos, psiquiatras, educadores y trabajadores sociales incompetentes e indecentes han entrado en los procesos gubernamentales como gestores de la sanidad, la educación y los servicios sociales faltos de sentido ético, con nula formación en administración publica y con el sesgo añadido que traen en estas disciplinas, determinando lo que se va hacer.

Y estamos viendo que tanto la educación como la sanidad, y los servicios sociales, cada vez están peor pues son interpretadores de sus teorías y amoldan las instituciones a las teorías y eso no puede ser.

Ante este panorama no queda más remedio que cambiar las cosas, pero eso ya no es problema de los psicólogos, es un conflicto social que implica la participación desde abajo de la sociedad en general. Normalmente tanto la economía, la sanidad como la educación y los servicios sociales son cosas tan importantes como para dejárselas a economistas keynesianos, psiquiatras psicotrópicos como a pedagogos piagetianos y trabajadores sociales con síndrome de Hubris.

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