Luces largas
E n Cataluña está en juego la estabilidad política de toda España. Los resultados de las elecciones autonómicas del 21 de diciembre, aunque alumbraron alguna novedades interesantes —la más significativa el triunfo de Ciudadanos—, no ofrecieron la solución al conflicto que enfrenta a la sociedad catalana tajándola en dos mitades sin aparente posibilidad de conciliación.
Todos los puentes entre separatistas y constitucionalistas están rotos. Ciudadanos, por sí solos, ni contando con los votos del PSC y el Partido Popopular conseguirían apoyo parlamentario suficiente para formar gobierno. La mayoría está situada en la barrera de los 68 diputados.
Los separatistas (la lista de Puigdemont y ERC) podrían conseguirlo si se les sumara la formación radical CUP, pero para contar con ellos los antisistema exigen la vuelta de la burra al trigo resucitando la ficción de la república catalana.
Una exigencia que de ser aceptada, entre otras consecuencias, reactivaría el artículo 155 de la Constitución y determinaría que Oriol Junqueras (líder de ERC) siguiera por mucho tiempo en Estremera.
Por no hablar del desánimo de la sociedad ante la predecible pérdida de músculo de la economía catalana como consecuencia del traslado de sedes de más empresas, en un proceso que de momento no parece tener fin.
Ante semejante panorama, como salida al laberinto, se escuchan voces que plantean la repetición de las elecciones. Es una posibilidad.
Pero sería la evidencia de la incapacidad de los actuales dirigentes políticos para elevarse por encima de los intereses de sus respectivos partidos. Pendiente como está la reconciliación entre los dos sectores en los que está dividida la sociedad catalana, los políticos operan con luces cortas cuando lo razonable sería encender las luces largas.
Pensar en el futuro, recuperar los afectos, desactivar el odio inoculado por los discursos radicalmente excluyentes. Repetir los comicios no cambiará nada.
Sí a la postre se llega a esa fase, lo que habría que plantearse seriamente es prescindir de algunos de los actuales dirigentes políticos porque su ceguera y egocentrismo nos llevará otra vez al borde del abismo.