Diario de León
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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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E s muy conocido que en 1992, y contra todo pronóstico, Bill Clinton ganó las elecciones presidenciales a George Bush padre, que se presentaba a la reelección como claro favorito. El republicano lo fió todo a sus éxitos en política exterior y desdeñó la situación económica interna, flanco por el que el candidato demócrata cimentó su victoria. Ello hizo célebre el eslogan «Es la economía, estúpido», acuñado por uno de los asesores de Clinton.

Viene a cuento de que Mariano Rajoy, que hoy nos honra con su visita-desagravio, casi siempre ha fiado su suerte electoral a la recuperación económica. Zapatero, con su catastrófica gestión sobre la crisis, puso alfombra a la mayoría absoluta del PP; después, tras aguantar el tirón de las fuerzas emergentes, Rajoy sobrevivió embridando la macroeconomía.

Su primer error de cálculo ha sido precisamente el de confundir la favorable evolución macroeconómica con la recuperación efectiva del poder adquisitivo de los ciudadanos.

El siguiente ha sido siempre dar por descontado electoralmente el coste de los incesantes casos de corrupción que han salpicado la imagen del partido, sin percatarse de que muchos de ellos son cadáveres mal enterrados que afloran a la superficie en el momento más inoportuno, como estamos viendo claramente estos días. Pero lo que ha descolocado del todo a Rajoy ha sido que la reacción patriótica generada en el resto de España por el desafío secesionista catalán haya sido capitalizada por Ciudadanos en lugar de por el propio PP. Y así le está yendo al PP en las encuestas.

La pesadilla de Puigdemont y compañía sigue cortocircuitando la acción del gobierno de España. A causa de ello Rajoy no ha conseguido sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado y está incumpliendo su compromiso de abordar de una puñetera vez la reforma del nuevo modelo de financiación autonómica. Esto último para cabreo de casi todas las comunidades autónomas y en primer lugar varias de su propio partido, como Castilla y León y Galicia, muy contrariadas asimismo por el retraso en presentar la Estrategia Nacional sobre el Reto Demográfico acordada en la pasada Conferencia de Presidentes.

Por razones obvias, el presidente Juan Vicente Herrera anda mordiéndose la lengua, máxime después de que el ministro Montoro haya vuelto a hacer otra de las suyas al congelar las entregas a cuenta del Estado consignadas en los nuevos Presupuestos de la Junta. En otras circunstancias, Herrera no habría dudado en arremeter sin miramientos contra el gobierno Rajoy. Y con toda razón.

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