TRIBUNA
Sembrar para recoger, o el periodismo activo

H Hace años, bastantes años, cuarenta y cinco tal vez, un compañero — estupendo periodista— encargado de la sección de Deportes en mi periódico bilbaíno, fue contratado por otro rotativo, en esta ocasión de Álava. Allí le alcanzó la jubilación, y como con la sola compañía de sus muy contadas corresponsalías le sobrara tiempo para ocuparse en distintos menesteres, se le ocurrió la idea de crear una agencia de noticias exclusivamente gratas, curiosas y con carga positiva; vamos, que para sonreír casi siempre. Mi amigo, con su invento, pudo ser un precursor —en potencia, y solo para noticias— de la escritura descomprometida, de temas amables, como lo fuera, en otro orden de cosas, un conjunto de descripciones de Julio Llamazares; una colección de crónicas que se convertiría en el precioso libro Atlas de la España imaginaria . Claro que una cosa son las posturas contrapuestas a lo desagradable —noticiosamente hablando— y cuestión distinta el invento de un medio difusor para un mundo que no tenga más ocupación que vivir sin contratiempos ignorando los ecos de la insatisfacción, de la monotonía, de lo molesto…, que también va con nosotros por los caminos de la vida… El Señor nos prestó este asteroide llamado Tierra, para que lo tratásemos —al planeta, y a sus habitantes— con amigables propósitos, y con amor. Unos junto a otros estamos obligados a compartir deberes convivenciales parecidos, deberes intransferibles.
En la esfera profesional que a él le atañe el periodista debe reforzar las baterías de su noble oficio, rigiéndose por el código de la certeza: ni todo para la complacencia, ni todo para la contrariedad; la Verdad. Por citar un ejemplo, en la labor agraria no hay quien se olvide de quitar del sembrado abrojos y zarzas, para que llegado el tiempo de la cosecha el trigal crezca sano y prometedor. Del mismo modo el Periodismo ha de regirse por el código de la Verdad y evitar los cantos de sirena, que haberlos haylos. Por eso, por la variedad de periódicos, de emisoras de Radio y TV, incluso de redes sociales, el público diversifica los medios de difusión. A toda acción, pues, corresponde una reacción igual… En el Periodismo mandan la Verdad y la calidad. Cuanto mayor sea el esfuerzo comunicador más apetecible resultará el producto: la noticia indivisa y clara.
En unas Jornadas mundiales sobre Comunicación y Misericordia el papa Francisco, señaló que «Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo ser sordos. Y Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar y custodiar la palabra del otro (…)».
En la actividad primaria de san Francisco de Sales —cuya festividad celebra hoy la Iglesia y conmemora el Periodismo escrito— el santo de las famosas ‘Hojas’ informativas de la Verdad evangélica, que él distribuía casa por casa, al tanto del estado material y espiritual de sus diocesanos. Y bajo el arco de la actividad comunicadora, un periodismo vivo y activo hecho con las cabeza, las manos y el corazón, puestos al servicio de Dios y del prójimo.
No se podrá recoger si no se ha sembrado antes. Probablemente ahora mismo campan por sus respetos (los ‘hablemos’) los ignorantes de lo acaecido no hace demasiados años, en nuestra Patria. Tenemos los españoles el derecho y el deber de recordar y estudiar la historia del tiempo pasado (acordémonos de aquellos dichos antañones, sean o no de Cicerón: «los países que arrumban su historia se ven obligados a repetirla»…). Indagarla y reactivarla es, también, misión de los periodistas para trabajar puntualmente en el presente y en el porvenir.
Para mí tengo que los pueblos se hacen grandes por medio de una interiorización moral y una interlocución sincera. Que hablen los españoles; que conlleven los hispanos las cargas concernientes a España. Con proporción, solidaridad y conocimiento de causa. Y transmitiendo a las generaciones jóvenes el Principio de que hay que mantener a toda costa los manantiales humanos. Ellos llevan la vida y la esperanza.