En la edición 50.000
S on los poetas los dueños del tiempo. Ellos registran la eternidad, aspiran a levantar ciudades en ríos de letras, glosan la historia con ínfulas de posteridad. Fue el bañezano Antonio Colinas quien encontró en un oxímoron la piedra angular del hechizo leonés, entre los muros de San Isidoro de León: «aquí solo se escucha el silencio sonoro». Ya en su Megalítico asomaba velada la complicidad hacia la riqueza patrimonial que ennoblece la provincia: «Sólo en la piedra enorme hay firmeza. Sólo en la piedra hay eternidad». Y al fin, en Nocturno en León: «Noble León, frontera de la nieve más pura,/ junco aterido, espiga sustentada en la brisa». Ese mismo carácter de «junco aterido» de piedras de firmeza y eternidad, es el mejor representa la Historia, la sociedad y la cultura leonesa.
Sobre los viejos muros del patrimonio se cimienta la provincia leonesa. Son tradición, siempre viva. Por eso es y será tierra de fundaciones, de instituciones que han empleado su bagaje para construir el futuro. Entre ellas, cronista ininterrumpido del último siglo, se distingue al Diario de León, convertido por méritos propios en un símbolo leonés; de alguna manera, convertido en patrimonio cultural.
Nacido en 1906, no deja de asombrarme la proclama nada autocomplaciente que recogían sus páginas en los albores de su estreno: «Vivimos bajo el imperio despótico de la prensa que predica todos los días doctrinas de libertad y nos hace esclavos», se leía en sus primerísimas páginas, «vivimos bajo el látigo de un tirano que nos lleva y que nos trae, nos levanta y nos deprime, nos subyuga y nos fascina».
Es difícil encontrar mayor compromiso con la libertad y la independencia en el nacimiento de una cabecera. Porque la prensa nos subyuga y nos fascina a partes iguales. Por eso no podemos separarnos de ella. Por eso necesitamos hoy en 2018, al igual que en 1906, periodismo crítico, en libertad, el mismo que han venido practicando con esfuerzo y talento los artífices de este periódico que ahora alcanza su edición 50.000.
Un periódico es tan relevante como lo sea en la vida de sus lectores. Los leoneses se reconocen en las páginas del Diario de León. Su carácter, su cultura, su historia, su identidad. Y su ciudad. Esa en la que se refugió aquel primer Paco Umbral antes de enfilar hacia Madrid y de la que dejó escrita una de las más precisas descripciones de su carácter: «Lo más fascinante de León es que conserva siempre espacios luminosos, treguas de lucidez entre las casas y los prados, treguas de humanidad entre los hombres y los días. En León todavía se puede pasear entre dos poetas y un cura, los mismos poetas y el mismo cura de antaño». Y añado a la imagen umbraliana : y el periódico bajo el brazo, el mismo periódico de antaño.