león en verso
Los misterios gozosos de León
Cómo tiene que estar León para que hasta la unión de trabajadores le arrebate el mensaje a la unión del pueblo. Cuentan los buenos observadores de detalles, que vieron a los más viejos con carné (los que llevaban el autocar a la excursión de las primeras ediciones del festival folk de Bravo y Maldonado en los 80) pellizcarse el moflete por creer que aquel reguero desatado que abrió el congreso socialista de diciembre no era Pelines disfrazado. Trincar mensajes es tendencia extendida; Merkel se quedó con los incunables del SPD alemán; Macron ya estaba de vuelta cuando Hollande se acordó de la hijuela del mayo del 68, que de proletario tuvo a los policías que aporrearon las manifestaciones; qué decir del PP, que apagó las llamas del cuarto del bienestar en el palacio de La Moncloa con el guión de la presión fiscal que definió al PSOE desde Largo Caballero y empuja a Snchz a buscar votos en el caladero del estalinismo. Las artes de la pesca de bajura son para listos; en los archivos sobre la guerra de León contra el estado autonómico, contienda dialéctica, no más, se guarda todo el recurso argumental necesario para sobrevivir con un cargo público en este territorio durante los próximos treinta o cuarenta años. Hasta que se consuma la mecha; hasta el final, que será, seguro, cuando haya ostias por si el último euro de la caja de caudales va a subvencionar ideología, a transfundir sangre a región y meseta, o a pagar las pensiones. La realidad se impuso al que negaba el camino que llevó a León al matadero. León sin gente encabeza ahora todo el mensaje comercial de los políticos que han actuado durante treinta años de espaldas a la advertencia. Sin rubor. A la UPL le comen la merienda. Hasta Silván, que abomina de los misterios gozosos y se suma a los dolorosos, que tañen el rosario de los desterrados hijos de Eva. Cómo tiene que estar León para que hasta las federaciones empresariales clamen a Cristo con la súplica que bisbiseaba Otero en 1995. Este aluvión de vocaciones tardías tiene una digestión complicada. En Asturias (siempre habrá un asturiano generoso dispuesto a prestar un consejo al vecino subpajariano) resuelven con frialdad; que le vendan esa sidra a quien le compraron las manzanas.