TRIBUNA
La muñeca andadora y el balón playero

E sto es como una feria pero de las malas. Que forma de armar un batiburrillo, de conseguir que la gente no sepa a que atenerse, de hoy ser de una forma y mañana de la contraria, de buscar no se sabe qué y terminar por no encontrar nada, de mentir como si no hubiera un mañana. En fin, estamos en un laberinto de muy difícil salida. Claro, como todos los laberintos que se precien. Pero permítame usted que vayamos al grano.
¿Qué demonios están ganando los que se aferran al separatismo catalán, a la república catalana? ¿Qué están ganando? Absolutamente nada. Están perdiendo prestigio día tras día. Pero no se dan cuenta, perdón, no se quieren dar cuenta. Y eso esta llevando a una parte importante de Cataluña y al resto de España a una situación, permítanme el topicazo, de ridículo supino.
Y como un niño cuando se enfada y coge ese tipo de perras que suelen ser eternas y se convierten en un arma conseguidora para el nene o la nena, así se está comportando Puigdemont y ese equipo de seguidores, tan guapos ellos y ellas y tan elegantes ellos y ellas. Que por cierto, hablan catalán cuando se dirigen a una audiencia española y castellano cuando quienes les escuchan son europeos o norteamericanos. Seguro que han pensado que el idioma catalán es universal. Pues sí, pero menos.
Tiene muchos pájaros en la cabeza el tal Puigdemont, y no hablo del pelo, está intentando descubrir caminos que no le despojen de ese cargo que lleva grabado a fuego en su piel; el de que fue presidente de la Generalidad, ya no lo es claro, pero ha querido volver a serlo.
Lo ultimísimo que se ha conocido, es que puigdemont, aceptaría una presidencia simbólica de la Generalidad residiendo en Bruselas, en Tailandia o donde Dios le de a entender pero que nombraría un ‘primer ministro’ ejecutivo en Cataluña. Con un par.
¿Hasta dónde pueden llegar las gilipolleces de este hombre y sus asesores con tal de no perder el poder y pasar así a ha historia como los catalanes que crearon la república moderna en Cataluña.
¿Qué están pensando en este momento nuestros vecinos europeos? Da la sensación, a juzgar por los partenaires con los que hablan allí, que ellos, los europeos, también están cansados de ellos, los fugados de la Justicia española.
Justicia española, y Gobierno español que no es que se muevan poco, es que parece que van hacia atrás. Y ese no es el mejor camino para el correcto establecimiento del orden en Cataluña. Hombre para los Pujol y ese tipo de secuaces, la lentitud de la Justicia y del Gobierno les viene como anillo al dedo pero para el resto de los españoles, es una tomadura de pelo de no te menees. Pero como siempre digo y no soy el único, aquí nunca pasa nada.
Ya Santa Teresa que era un poquito más lista que estos astronautas, decía, «nunca pasa nada y si pasa qué importa y si importa qué pasa». Pues así estamos. Ah¡ y los plazos. Los plazos son algo que alguien, vaya usted a saber quien, tiene que arreglar.
En cualquier país del mundo que llamamos civilizado, cuando ocurren episodios que van contra las leyes, la solución viene con cierta rapidez, con premura, porque el tema es para hoy. Bueno pues en nuestro bendito país, en España, ocurre algo similar a lo de fuera y aquí nos eternizamos y la solución, tarda y tarda, y tarda.
Los plazos de aquí no son, desgraciadamente los de allí. Allí la gente los involucrados y el ciudadano en general, sabe que cuando algo malo ocurre, funciona la maquinaria de la Justicia, repito con celeridad envidiable. Aquí, sencillamente, no. Aunque en época de elecciones, (puede que se esté acercando esa época), entonces todos prometen que los temas se van a solucionar rápidamente. Jajaja.
Resumiendo, vivimos una situación que causa, como mínimo, extrañeza. Es como cuando vamos a una Feria, que podemos comprar un churro, un libro usado, un enchufe, un trozo de cable, un cuadro roto e incluso, la muñeca andadora y el balón playero.
Esto no da más de sí.