Diario de León
Publicado por
LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

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L a Ponferradina es un equipo de fútbol muy triste. Lleva así desde aquel casi remoto día en que fue eliminada de la Copa en Éibar, inesperadamente, en un día aciago de diciembre. Día que fue el comienzo de una decadencia inexplicable que la llevó al descenso en la última jornada del curso, y para mayor infortunio, en su casa, en el Toralín. Pero aquel equipo estaba ya vencido. No creía en sí; solo creía en sus nervios e impotencias. Recuerdo que en los penosos meses que antecedieron al descenso, jugadores, entrenador, director técnico y otras gentes repetían el mismo mantra: «esto lo arreglamos». «La Deportiva no va a bajar». «Estamos seguros de que vamos a salvarnos», etc., etc.

Una sarta de buenas palabras a las que aguardaba, maléfica, la fecha de la catástrofe, sucedida ante ocho mil seguidores. La tarde del fracaso. Pues bien —y que los seguidores de la Cultural Leonesa me perdonen— empiezo a escuchar las mismas frases en estas últimas semanas, referidas al equipo del Reino de León. Paños calientes, esperanzas prendidas con alfileres, miradas inquietantes al calendario, y sobre todo, gran incapacidad para ganar un partido. O dos.

Ojalá me equivoque y ojalá la Cultural resista en Segunda División, porque eso es bueno para la ciudad y para toda la provincia. Ojalá la fortuna le ayude, y un juego más eficaz, claro. Porque después de 43 años en el pozo de las divisiones modestas, sería muy lamentable volver a bajar. Una decepción de caballo, con efectos demoledores.

Y mientras la Cultural lucha por eludir el descenso a segunda B, la Deportiva hace lo propio para evitar la caída al fútbol semirrural. La temporada anterior, y pese a contar con una cuantiosa inyección económica de la Federación, formó una escuadra sin alma ni talento y no fue capaz de quedar entre los cuatro primeros. Pero lo de este año aún es peor, porque sin ese apoyo monetario, y con la afición harta de ver partidos deprimentes, está bordeando el descenso a la tercera división, esa categoría donde circulan equipos de modestas villas de pan llevar, o esqueletos de clubes históricos que se fueron a la ruina por impagos y calamidades diversas. Un panorama más que decepcionante.

Ahora bien, frente al desengaño —aún reconducible— de blancos y blanquiazules, no hay que olvidar que León tiene una ilustre realidad deportiva en el Ademar, uno de los clubes más grandes del balonmano español. Y tuvo un equipo de baloncesto en primera. Ponferrada, sin embargo, carece de alternativa a los disgustos del Toralín. La capital del Bierzo no levanta cabeza, y solo la formidable Lidia Valentín levanta más kilos que nadie, y es un ejemplo para todos los bercianos. Deportistas o no. Ejemplo de lucha, fe, valía, garra y hasta belleza. Que nos diga ella que hay que hacer para poner freno a tanta derrota deportiva y social. A tanto desánimo y resignación.

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