TRIBUNA
La revolución de las mujeres

E l pasado 8 de marzo de 2018 ha de convertirse, sin duda, en un día histórico para los derechos de la mujer, para su liberación. Podría ser el día en que comenzó la historia de la mujer, porque, hasta ahora, la única historia que se ha escrito ha sido la del hombre, una historia muy desigual, triste y violenta, patriarcal y opresora, en la que el propio hombre ha sido prácticamente el único protagonista y el único responsable tanto de los aciertos y las conquistas, como de los muchos desaciertos y fracasos que jalonan la historia de la humanidad. Mientras tanto, la mujer ha permanecido marginada, olvidada, menospreciada y sometida, por el poder físico, los abusos y el falso orgullo del hombre.
Hace ya décadas que esta revolución —que viene de lejos— auguraba su inminente llegada, en estos comienzos de siglo y de milenio, y también hace unos meses que se presentía su explosión en ese gran día del 8 de marzo. Como se ha dicho y se ha escrito, esta conquista no tiene vuelta atrás, ha costado siglos y milenios llegar a esta toma de conciencia de la necesidad de realizar un cambio profundo en el mundo, y este cambio no puede realizarlo ya el hombre, demasiado enmarañado en su propia ambición y sus propias contradicciones, sino la mujer. Pero no olvidemos que el ser humano está conformado por la pareja humana: mujer/hombre; por tanto, no solo no se oponen, sino que se necesitan y se complementan. Por eso, todo hombre tiene una parte femenina, y toda mujer, una parte masculina.
Ya C. G. Jung, el gran científico de la mente, habló del ‘animus’ (elemento masculino en la mujer) y del ‘anima’ (elemento femenino en el varón); pero lo conocieron antes los chinos con su teoría del Yin (femenino) y el Yang (masculino), viniendo a decir que todo ser humano posee una parte Yin y otra Yang. Esto no ha sido asumido aún por nuestra sociedad, debido a una deficiente educación, y menos todavía, por muchos hombres primarios que siguen viendo a la mujer como un objeto de placer y de explotación, aunque —¡felizmente!— cada vez hay más hombres que despiertan a la nueva realidad de la pareja humana unida, en la igualdad, la comprensión y el respeto mutuos.
Esto quiere decir que todas las luchas y enfrentamientos entre hombres y mujeres solo pueden obedecer a un desconocimiento de la realidad intrínseca del ser humano, y en especial, a los abusos cometidos por el que es más fuerte «físicamente»: el hombre. Pero no olvidemos, solo es más fuerte «físicamente»; en casi todo lo demás, la mujer es superior. No invento nada, lo dicen las más recientes investigaciones de psicólogos, psicoanalistas y neurocientíficos. Traemos a colación dos: El psicoanalista francés Pierre Daco, discípulo de Jung, y el neurocientífico alemán Gerald Hüther.
P. Daco es el primero (o uno de los primeros) en romper con los prejuicios que nos han hecho ver la Feminidad como algo débil, y él dice que es justamente lo contrario, es una fuerza estable, es intuitiva, flexible y fluida. Por eso, llega a afirmar: «Devolver la Feminidad al mundo significa devolverle una sabiduría profunda y potente». Daco afirma incluso, en su profundo estudio, que la Feminidad constituye la base de la creatividad humana, una auténtica revolución en el campo del arte, donde la mujer ha sido especialmente vedada.
Y sobre la necesidad de que cada ser humano desarrolle su propio «animus» y su propia «anima», según Jung, o lo que es lo mismo, el Yin y el Yang de los chinos, dice P. Daco: «Un hombre no comprenderá nunca a una mujer mientras no haya realizado su propia Feminidad. De la misma forma, una mujer no podrá comprender la Masculinidad de un hombre mientras no haya realizado la suya».
En cuanto al neurocientífico Gerald Hüther, ha escrito recientemente un libro revolucionario: Hombres, el sexo débil y su cerebro (del que hablé, en esta Tribuna, el 22/12/2011), y en él trata de la verdadera Masculinidad, de la debilidad biológica de los varones, y afirma: «El hombre es el sexo menos estable y más dependiente de apoyo exterior… Precisamente porque somos débiles, necesitamos coger de fuera. Los que tienen el poder son los hombres más débiles». Pura psicología de siempre, pero resaltada, ahora, por este gran neurocientífico.
Estos hallazgos científicos, entre otros muchos motivos, están ayudando a las mujeres (y también, cada vez, a más hombres) a pensar, con fundamento, que ha llegado la hora de la Feminidad, que tanto necesita este mundo masculinizado, embrutecido. Por eso, se ha dicho que el siglo XXI será femenino o no será. La humanidad lleva demasiado tiempo dominada por lo masculino, y el hombre ha demostrado que es incapaz de cambiar el mundo, debido a su orgullo y su egoísmo, a sus ansias de poder; en una palabra a sus fracasos.
En este comienzo de siglo y de milenio, ha de comenzar, pues, la verdadera historia de la mujer, hasta ahora menospreciada, marginada y sometida. Es el gran momento esperado y necesitado por toda la humanidad. Solo ella -la mujer, lo femenino- puede salvar a este mundo dominado por la locura del varón; pero las mujeres deberían recordar quiénes no van a ser sus aliados en esta revolución femenina: buena parte de la jerarquía eclesiástica, conocida por una encubierta misoginia, muchos de los políticos más conservadores y otros poderes demasiado apegados aún al sistema patriarcal. El resto de los hombres han de sentir la obligación de permitir y ayudar a las mujeres a que ellas tomen el relevo en la dirección del mundo, o como mínimo, a colaborar en la parte proporcional que les corresponde, por el bien del futuro de la humanidad misma.