TRIBUNA
Vamos a centrarnos

S i tuviéramos la oportunidad de ver lo que pasa en nuestro día a día, desde un helicóptero, o un dron, que tanto se lleva ahora, nos quedaríamos horrorizados.
Cuando no es un roto es un descosido, y ahora que está el Sr. Caprile dictando normas en televisión, a los que quieren hacerse profesionales de la costura, quizá nos vengan bien estos pensamientos que, por decir la verdad, nacen de un hastío importante que se palpa en el ambiente y que, creo humildemente, no nos merecemos.
Se ha dicho y es cierto, que las cosas, los acontecimientos, pasan ante nosotros a una velocidad supersónica y eso mismo nos impide, casi siempre, ese tiempo necesario para pensar y para tener una opinión. Personalmente, no veo clara la solución para corregir todo esto.
Cuando no es una discusión entre políticos que sólo ellos entienden, o esa sensación dan, es un malestar por algo que ocurre y que a no todo el mundo gusta, y si no, una protesta generalizada pero que no va a ningún sitio, o bien, que un colectivo, pueden ser las mujeres, como recientemente ha ocurrido, o los bomberos de una zona o los mineros de otra o los policías de la de más allá. O las pensiones, ahora, o las prisión permanente, o los mossos, o el salario de Ronaldo. Ya no digo nada del que está fugado y se cree el rey del mambo. Joder, es que siempre estamos igual. Siempre, salvo cuando se acercan las elecciones, como va siendo ahora. Entonces el político, como camaleón avezado, se transforma, se enamora de su votante y le promete el oro y el moro. El caso es no estar de acuerdo en nada y eso convertirlo en motivo para cualquier discusión.
Nos llamaba mucho la atención cuando conocíamos que en algunos parlamentos sus señorías, poco menos que llegaba a las manos, o llegaban directamente. Pero como nosotros somos estupendos, no reparábamos en lo nuestro.
¿Ustedes ven como es el comportamiento de nuestros mediocres políticos? Habla la izquierda y su bancada se parte las manos aplaudiendo. Habla la derecha, y en su bancada se monta la feria. Hablan los otros y los de más allá y siempre es lo mismo. Aquí hasta se dan besos en la boca dos hombres. Eso sí, muy bien vestidos. Respetando el lugar en que están.
¿Pero estos mediocres no se dan cuenta, que el pueblo, los seres normales, los que sufren más, los que más trabajan, los que cotizan siempre, los que no se lo llevan, esos están, estamos hartos, de la cantidad de simpleces, de mentiras, de poses, (ahora se llama postureo), que estamos hartos de aguantar?
¿Ustedes han visto en alguna reunión seria, donde se traten temas que afectan a todos, una reunión de comunidad de vecinos, pongo por caso, han visto a alguno de los asistentes a esa reunión, literalmente ‘tirados en su silla’ como si estuvieran reventados? Pues en el Congreso de los Diputados eso se ve constantemente. Llegan allí agotados y es que no pueden más. No tienen educación, ni para eso. Parece que les dijeran; «tu llega allí, tírate en tu sillón, pon cara de saber de todo y aplaude cuando te digan y calla cuando te ordenen.
Se ha dicho muchas veces pero es cierto. Nos queda mucho por aprender. Somos un gran país, pero lleno de gentes raras, mediocres, pelotas, cobardes y, como no, envidiosos. Aquí un político investigado por llevárselo, presuntamente, dice a la policía que encontró un millón de euros en una bolsa en el altillo de la casa de sus suegros y preguntaron su procedencia y el argumento de por qué eso estaba ahí es que «se lo debieron dejar los operarios de Ikea». Con un par.
¿Qué hacemos, los que somos testigos de eso, tirarnos por la ventana? Muchos de nuestros clásicos lo han dicho y no voy yo, pobrecito de mi, a enmendarles la plana. ¡Claro que hay excepciones, faltaría más. Y muy honrosas! Pero le generalidad va por ahí. ¿No nos gusta tanto la democracia porque se hace caso a las mayorías? Pues la opinión mayoritaria sobre nuestro país es esa.
Llenaríamos libros de ejemplos como los aquí citados. Pero no llegaríamos a ningún lugar.
Por eso, si somos capaces de hacer el ejercicio de pensar con calma lo que nos está pasando, las vivencias que estamos teniendo recientemente, convendremos que nos falta centrarnos. Cada cosa a su tiempo. De acuerdo que el equilibrio, seguramente es el estado más difícil de conseguir pero también es el más seguro en cuanto a decisiones que tomar. España ya es mayorcita y acumula experiencia suficiente para tomar decisiones lejos de lo dramático. Hagamos el esfuerzo de centrarnos de verdad, de examinar las cosas con cierta calma y obrar en consecuencia. Tenemos los españoles, hablando en general, talento suficiente para resolver lo que la vida, política o no, nos presenta cada día. Y se trata de hacerlo. No de comulgar con ruedas de molino y continuar en silencio.
Vamos a centrarnos de una vez por todas y veremos rápidamente los buenos resultados. Ahora estamos actuando de forma precipitada y así nos va. Mal. Insisto son pensamientos desde la calma y desde el tiempo. No podemos tirar por la borda lo bueno y quedarnos con lo malo. Eso cansa mucho. Pongamos orden en nuestros quehaceres. Se notará.