Diario de León

TRIBUNA

A vueltas, de nuevo, con el pasado

Publicado por
José Antonio García Marcos Psicólogo clínico y escritor
León

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C uando publico un artículo en estas páginas suelo enviárselo posteriormente a un grupo de amigos que me hacen comentarios e, incluso, a veces, entablamos una discusión en vivo y en directo o a través del correo electrónico. Tras publicar El afrontamiento del pasado: Alemania 4, España 0 (27/1/2018), mi amigo, el escritor zamorano Antonio Civantos (por cierto, recomiendo su último libro Yo, Hemingway donde traza un descarnado retrato del nobel norteamericano que terminó su vida pegándose un tiro) me hizo algunas críticas. Él es partidario de dejar el pasado como está y, además, cree que no se puede comparar el caso de Alemania con España. Aquí tuvimos una guerra civil y en este tipo de conflictos siempre resulta mucho más difícil la reconciliación.

Como no estoy de acuerdo con mi amigo y colega de oficio, quisiera ampliar mi punto de vista sobre esta cuestión a la que los alemanes han denominado Vergangenheitsbewältigung, es decir, afrontamiento o superación del pasado. Nosotros, por el contrario, hemos utilizado el oxímoron de la Memoria Histórica, tratando de reconciliar dos conceptos antagónicos, uno la memoria que siempre es personal y subjetiva y el otro la historia que pretende ser objetiva y documentada. Dicho con otras palabras, la memoria es emotiva y, por tanto, sujeta a distorsiones, mientras que la historia se asienta en datos contrastados.

En mi artículo trataba de explicar el cambio experimentado por la derecha alemana desde una posición de no querer oír hablar de Auschwitz y de los crímenes del nazismo hasta aceptar que en el corazón de Berlín se instalara el impresionante monumento a los judíos europeos asesinados por el Tercer Reich. Es decir, los alemanes han convertido la gestión de su pasado traumático en una cuestión de Estado, mientras que en nuestro país el pasado sigue siendo un arma arrojadiza contra el adversario en la lucha política.

Es cierto que aquí tuvimos una guerra civil pero en la que la intervención extranjera (la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin principalmente) decidieron, en gran medida, el resultado final. Por otra parte, aunque la Alemania nazi inició una guerra imperialista para ampliar el espacio vital alemán, hay que recordar que las primeras víctimas de esa guerra fueron los alemanes más indefensos, los que se encontraban recluidos en los manicomios de la época. Cerca de 200.000 pacientes fueron vilmente asesinados por los médicos responsables de su tratamiento. Un auténtico genocidio. En la Alemania nazi se mató por razones étnicas e imperialistas mientras que en nuestro país los dos bandos contendientes lo hicieron por razones ideológicas fundamentalmente. Los que se levantaron contra la República asesinaron a personas de izquierda, a sindicalistas, maestros e intelectuales y los republicanos a personas de la derecha y al clero (curas, monjas y obispos), además de destruir iglesias y conventos. Ahora bien, mientras que las víctimas del bando republicano fueron honradas y resarcidas durante la dictadura franquista, las víctimas de los golpistas siguen muchas de ellas enterradas en cunetas y en fosas comunes sin que se facilite a sus familiares ni la identificación ni el deber de darles una sepultura digna.

Podíamos decir que las checas y las sacas del bando republicano forman parte inseparable del posterior universo del Gulag, lo mismo que los paseíllos y los pelotones de fusilamiento en carreteras abandonadas o frente a las paredes de los cementerios lo son de Auschwitz. El auténtico paseíllo a Auschwitz solía durar varios días y se hacía en trenes hacinados. Nuestra guerra civil formó parte intrínseca de los conflictos europeos de la época y de la sanguinaria forma de solucionarlos.

Hay, como mínimo, dos modelos de afrontar el pasado. Uno es el emprendido por la Alemania democrática y reunificada que está basado en dos pilares fundamentales: por una parte insistir en que recordar es humano y, por otra, que hay que devolver a las víctimas la dignidad que en su día les fue arrebatada. El otro modelo sería el de Putin: cerrar los ojos ante el pasado y seguir actuando como si nada hubiera ocurrido.

Siempre he pensado que en la psicología colectiva ocurre algo parecido a lo que pasa a nivel individual. Cuando persona es víctima de una situación traumática (secuestro, atentado terrorista, abuso sexual o accidente grave) esa experiencia negativa le acompañará el resto de su vida condicionando negativamente su existencia. Someterse a un proceso psicoterapéutico le puede ayudar a cicatrizar las heridas emocionales causadas por el trauma. Creo que a nivel colectivo no hemos sido capaces de superar las secuelas de nuestra guerra civil y por eso reaparecen cada vez que vivimos un conflicto, como ha ocurrido con el reciente desafío separatista catalán. Solo veo dos soluciones. O bien la Canciller A. Merkel le da a Rajoy un par de lecciones sobre la Vergangenheitsbewältigung, o bien llega al poder una derecha menos vinculada emocionalmente con el franquismo que se implique realmente en la superación del pasado, lo convierta en una cuestión de Estado y dialogue con el resto de las fuerzas políticas sobre cómo integrarlo en nuestro presente. Cuando uno visita los museos históricos de Madrid, llama poderosamente la atención que el siglo XX y la Guerra Civil no existan por ninguna parte. Es hora de integrarlos en el presente y que dejen de ser un obstáculo para nuestro futuro de nación cohesionada y madura dentro de la Unión Europea.

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