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Dolor y muerte en As Catedrais

P arece difícil de entender que alguien con mando en plaza, como es el titular de la Consejería de Medio Ambiente, pueda decir ante este suceso «que nada ni nadie hubiese podido evitar la muerte de Irene Baladrón Zorita». Les señalo para establecer una comparación, que el parque del retiro de Madrid ha estado cerrado dos semanas, estudiando la muerte de un niño.

A mi me parece que soltar de sopetón una frase así sin hacer un análisis del cúmulo de factores que pueden influir en un resultado fatal como el ocurrido en la playa de As Catedrais de Lugo, cuando es evidente que al menos hay informes y avisos que no pueden ser ocultados ni desaparecidos en la cortina de «la fatalidad y la mala suerte», no es en modo alguno tranquilizador. Es evidente que existen varios problemas que hay que afrontar para conjugar la protección de las personas, el turismo y la protección del medio ambiente para además dejar valor turístico y económico remanente a las generaciones de gallegos venideras.

Es decir, no se puede uno enrocar y transmitir la idea equivocada de que todo esta perfecto —y lo saben—, y tratar de hacer creer a una parte de la población que no existe ninguna deficiencia.

Aquí se trata de analizar, corregir si se llegase a esa conclusión y en definitiva avanzar y mejorar.

Dado que ha existido una muerte violenta de una persona joven, y hay un atestado, estas valoraciones han de venir en el desarrollo de las diligencias judiciales obligatorias, y las opiniones que se hagan por los expertos de diferentes ámbitos, de las pruebas presentadas en ese atestado. Además de los informes geológicos, de las advertencias, también las cuestiones asistenciales en zona tan concurrida y frecuentada deben ser abordadas sin duda.

En este contexto analítico y su debate probablemente judicial, se encontrarán –en mi opinión- indicios suficientes de que sí se pudieron hacer actuaciones en varios y determinados aspectos, como he señalado y vuelvo a repetir su importancia, tanto preventivos (informes geológicos serios como el del catedrático de Geología Vidal Romaní, o Alberti), incluso con los avisos que se formularon in-situ instantes antes del fatal suceso, u otros que se pudieron hacer anteriormente en algún organismo oficial; como con los asuntos médicos y la carencia de medios.

Estas cuestiones médicas, por supuesto que presentan interrogantes tales como, el efecto que pudo tener el traslado «como se pudo» —en zona tan concurrida y ponderada— (sin una camilla, que pudiera prevenir el añadir o aumentar lesiones a órganos o que estabilizara fracturas vertebrales si las hubiere, un simple desfibrilador —Desa de los gimnasios— que indica si es necesario o no dar masaje cardiaco, —algo crucial para no empeorar la situación— hasta que llegue la ayuda profesional), para que este último y fundamental aspecto hubiera permitido más oportunidades a Irene y en el futuro a otras personas. De estos análisis (geológicos, logísticos y forenses) y las conclusiones a las que se llegue, depende que podamos hacer más segura la vida de las personas en el futuro, de forma compatible con el lícito aprovechamiento turístico de esa maravillosa tierra gallega. Todo es posible y conjugable, y así debe ser para que nada ni nadie resulte perjudicado.

En mi parecer, por todo lo expuesto, pienso que necesitamos tener políticos de nivel para estar más seguros. Por suerte, el sentido común y el análisis metódico de las personas y de algunas instituciones puede dejar en evidencia a determinados políticos, al dar soluciones a los problemas a los que ellos no han sido capaces. En este caso, el hecho de que desde la consejería de medio ambiente se hayan apresurado a señalar que nada ni nadie podría haber hecho nada, queriendo zanjar por la vía rápida la situación, como único análisis causal el libre albedrío de la mala suerte o de la fatalidad, personalmente me parece una gravísima y superficial conclusión.

Al sr. presidente de la comunidad de Galicia Alberto Núñez Feijoo —quizás sesgadamente informado de que no había nada que hacer—, le tengo como una persona pond?erada y crítica, y le digo expresamente que espero y deseo que sepa analizar positivamente mis palabras y los datos que se vayan aportando y sea especialmente activo y eficaz con los resultados y conclusiones que se alcancen en este asunto. Estaremos pendientes de ello.

Muchas gracias a todas las personas que ayudaron a Irene y a aquellos que también nos ayudaron a nosotros en este terrible y doloroso desenlace. Gracias.

Andrés Zorita Calvo. león

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