Diario de León

león en verso

Enterrad mi corazón en la Valduerna

Luis Urdiales
León

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El Duerna sólo pierde su nombre excelso después de alimentar un ecosistema fascinante para la vida, con sus meandros y recodos, y el drenaje de la porción de tierra más fértil de occidente, la que alumbra desde época inmemorial a base de racionar sedimentos que toma prestados de las entrañas de los Montes de León. Cincuenta kilómetros de cauce. No hay otro accidente geográfico que aporte más al territorio en menos tiempo. El Duerna es cuna astur, fuente de orgullo y arraigo, que fluye como el alma de sus gentes; como esas casas solariegas de cantos rodados y aleros generosos que tapan en invierno del empuje del dios Tilenus y encandilan el campamento de verano de las aves migratorias. Se llama poesía para vencejos porque en las confederaciones soviéticas y feudales del Estado no iban a poder entenderlo. Tampoco los pozos, que beben de la capa freática a flor de piel, que acompaña a una decena de regatos que avanzan del hombro hacia el Tuerto, y el Órbigo, en una orgía hídrica sublime a los ojos el hombre. Cada vez que miran a León es para darle un bocado. Apuntan a Priaranza de la Valduerna, y su catálogo inagotable de estampas sobre el origen del mundo; Villalís, Villamontán, donde destella verde el cereal en las tardes de abril; la encrucijada de Castrotierra, el teso mariano de la virgen del Castro, patrona de la lluvia, primera línea de palco hacia puestas de sol colosales; Palacios, última esclusa del paraíso antes de dar paso al agua al orden terrenal de la ribera. Fueron con los todoterreno de lujo que quintuplican el PIB de la zona a reparar en los pozos; los pozos, la sal de la tierra, que son en el Val de Ornia los torquenes de las regueras de Babia o la estaca que hundieron en el pecho de Riaño. No hay nada más efectivo para moldear el paisaje que el boletín oficial; lo mismo con un dique para anegar un paraje que con una losa sobre el brocal. Los pozos, que democratizan el agua y socializan las oportunidades. Se barrunta otro machetazo en la cabeza para que el valle llegue aturdido al sacrificio. Y todavía alguno se desgañita con el empeño por fijar población. No se nota por esa idea tan reservada sobre la muestra de emociones y efusividad; pero detrás de la pancarta de la Valduerna va todo León. A ese pozo va ir todo León.

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