Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

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E l viejo pozo Casares no ha dejado de envenenar el agua del río Tremor en todo el invierno. La mina se pudre, abandonada, y deja un rastro de metales pesados que enturbia el cauce aguas abajo. Y lo que fue el último bastión de la minería, el lugar donde hace cuatro años se producía el último encierro, el último coletazo de orgullo del sector, se ha convertido en una fuente inagotable de contaminación.

Casares vomita veneno. La bocamina por donde los picadores entraban a las galerías y le arrancaban las entrañas de carbón a la montaña expulsa ahora, a medida que el agua se adueña de los tajos, todo lo que le sobra a la naturaleza. El lavadero es un castillo en ruinas a la sombra de un rascacielos de cristales rotos, las oficinas, un desorden de papeles por el suelo, y hay amianto, y baterías y bombonas que nadie se acordó de retirar.

En Casares no hubo un cierre, sino un abandono, no se cansan de repetir en el Ayuntamiento de Igüeña y en la Junta Vecinal de Tremor. Y aunque hace semanas que hay un expediente abierto en la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, porque hace semanas que el vertido llegó al río y alertó a los vecinos —que denunciaron lo ocurrido al Seprona y al propio organismo hidrográfico— el agua contaminada ha seguido fluyendo desde la bocamina durante todo el invierno.

En el lugar por donde salieron «a cuentagotas» los mineros encerrados, recordaba esta semana María Ángeles Cebrones en este periódico, asoma ahora el agua sucia y contaminada, el agua anaranjada que tiñe el río Tremor.

Menuda metáfora.

Y mientras las administraciones encuentran a alguien a quién sancionar, los vecinos reclaman una balsa de decantación y una depuradora de aguas residuales. No pueden esperar cinco años, al menos, a que sea una realidad el ambicioso proyecto para instalar en Navaleo una central hidroeléctrica reversible que depure las aguas de las explotaciones mineras abandonadas a la vez que produce electricidad. No, no pueden esperar más.

Esa lengua de agua metalizada que está echando a perder el río Tremor no se quedará quieta dentro de la montaña. Nos quiere escupir toda la podredumbre que deja una mina cuando se muere y nadie se acuerda de enterrarla.

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