TRIBUNA
Desaparición de las cajas: sin colaboración
S i por algo se caracterizaron las cajas de ahorros fue por la colaboración y espíritu de unidad que existió entre ellas. «Los ‘hombres del ahorro’ sabían que la fuerza de las cajas se basaba en la ‘unión’. De manera coordinada, las cajas eran fuertes; por separado, no tenían la misma capacidad de negociación política, financiera o económica, ni la misma repercusión social» (Comín y Torres). Su ruptura, originada por una creciente competitividad interna en el sector del ahorro, contribuyó de manera decisiva a ser una de las causas de su desaparición. Solamente, cuando se produce la ruptura del principio de colaboración, empieza primero a resquebrajarse y finalmente a desaparecer el ‘sector ahorro’ en España.
La colaboración entre las cajas de ahorros fue uno de los grandes objetivos que siempre tuvieron todas ellas a lo largo de su historia, la cual tardaría en conseguirse, pues para ello se requirió un proceso de gestación lento. Se impulsó antes de la creación de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (Ceca), pero una vez fundada la confederación, la cooperación entre las cajas se acentuó más, aunque su intensificación llegaría a partir de los años 60 y 70 con el aprovechamiento de las economías de escala y de red en el mercado nacional.
A través de la confederación, las cajas coordinaron sus operaciones financieras y establecieron los mecanismos para crear el Servicio de Intercomunicación de Cajas de Ahorros (Sica) y una nueva red de medios de pago (tarjeta 6000 y cajeros automáticos). Poner en marcha estas redes e instrumentos de colaboración no fue sencillo ni rápido, pero el respeto que entonces se tenía a otro de los principios básicos del sector, como era el principio de territorialidad, facilitó su implantación.
El principio de territorialidad consistía en que cada caja circunscribía su área de actuación a una zona geográfica. Principio que se encontraba en su base fundacional apoyado por las autoridades fundadoras (eclesiásticas, civiles y políticas), que en su virtud limitaban sus operaciones a un espacio territorial determinado. Su incumplimiento debilitó en algún momento el principio de colaboración, pero nunca lo quebró, pues la mayoría de las diferencias territoriales se solucionaban en el ámbito de las propias federaciones regionales.
La colaboración entre las cajas, siempre con el apoyo de la confederación, se inició con las operaciones de intercambio, como ya se ha indicado, que permitían a los clientes operar con sus libretas en todas las oficinas de cualquier caja de ahorros. Después se añadieron otros servicios operativos, bancarios y financieros, como el cheque de viaje, el cheque cruzado, servicio de transferencia entre las cajas, servicio de compensación de letras de cambio, talones, recibos y otros efectos, creación de la tarjeta de débito y de crédito, servicios de bolsa, de depósito, custodia y liquidación de valores, servicios de información, consultoría, asesoramiento y seguros, creación de la Comisión de Organización, Automatización y Servicios (Coas), Asociación de Cajas de Ahorros para Relaciones Laborales (Acarl), Escuela Superior de Cajas de Ahorros (Esca), Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas, inicialmente creada como Fondo para la Investigación Económica y Social), así como la formación de un grupo de sociedades mercantiles que se constituían con el fin de prestar los mejores servicios financieros a las cajas de ahorros. Para asegurar su colaboración, desde la confederación siempre se favoreció la equidad entre ellas, evitando así desequilibrios por causa de su tamaño.
El principio de colaboración facilitó, además, que cajas con orígenes diferentes desarrollaran inversiones comunes que posibilitaron poder disponer de la más extensa e importante red nacional y europea de cajeros automáticos, que llegaran a constituir de forma conjunta el primer grupo financiero español, y que se integraran en agrupaciones de carácter regional, nacional (Ceca) y supranacional (Instituto Internacional de las Cajas de Ahorros). Si las cajas llegaron a ser lo que fueron, hay que atribuirlo, entre otras razones, a una larga tradición de colaboración de todas ellas. Romper el principio de colaboración fue como cortar el cordón umbilical que las mantenía unidas, alimentaba sus múltiples rasgos comunes y conservaba valores compartidos desde su fundación.
Los primeros indicios de ruptura del principio de colaboración aparecieron en 1985, cuando La Caixa inició un proceso de expansión, más allá del límite territorial de su zona de actuación de origen (Cataluña y Baleares), con la apertura de oficinas bajo la marca comercial Grupcaixa, dando lugar a que varias federaciones de cajas de ahorros exigieran a la Ceca convocar hasta tres asambleas generales en un corto espacio de tiempo para intentar resolver la controversia, la cual quedaría sin arreglo dentro de la confederación. El problema lo trataron de solucionar el Banco de España y el Ministerio de Hacienda sugiriendo a las cajas que dejaran de abrir «tiendas de dinero». El fin era detener esa intromisión en sus territorios y acusaban a La Caixa de atentar contra el principio de territorialidad.