Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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La selección de sus candidatos electorales mediante elecciones primarias internas fue presentado en su momento por los llamados partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, como un exponente de regeneración democrática frente al denostado bipartidismo compartido por PP y PSOE, donde los aparatos orgánicos han hecho y deshecho sus listas contando poco o nada con la militancia.

En realidad, en el caso de los socialistas, esto último tampoco era exactamente así, puesto que ya eligieron mediante primarias al candidato a suceder a Felipe González en el cartel electoral, con tan mala fortuna, eso sí, que el elegido por las bases, Josep Borrell, se vio forzado a dimitir y dejar el puesto al derrotado, Joaquín Almunia, estrepitosamente derrotado en un proceso al que comparecía siendo secretario general. Aquel fiasco vacunó contra las primarias al PSOE durante largo tiempo. Y la resistencia del aparato a ceder ese poder a la militancia estaba más que justificado, como luego se ha visto con la debacle sufrida por Susana Díaz a manos de Pedro Sánchez.

Pero volvamos a los emergidos. ¿Cómo se concilia la defensa del sistema de primarias con una oferta como la realizada por Albert Rivera al ex primer ministro francés Manuel Valls para que encabece la candidatura de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona? ¿En qué lugar quedan los militantes barceloneses del partido, electores o elegibles, en ese proceso? Ustedes me dirán. Y suponiendo que Valls se sometiera a esa elección interna, ¿que legitimidad tendría una elección a la que concurre un candidato previamente ungido por el líder supremo del partido? El paripé sería de campeonato.

De golpe y porrazo Rivera se ha cargado la credibilidad de un sistema, el de primarias, que, para mayor inri, Ciudadanos ha pretendido imponer obligatoriamente por ley a todas las fuerzas políticas. Y ello ha coincidido casualmente con la trapisonda vivida en Podemos respecto a las primarias a celebrar para elegir su futuro candidato a la comunidad de Madrid.

Cierto que Iñigo Errejón no es en Podemos un advenedizo como lo sería en Ciudadanos Valls, un oportunista que, tras abandonar de mala manera el partido por el que fue primer ministro, y verse despreciado después por Macron ha buscado en España el reconocimiento perdido en Francia. Pero el caso guarda mucha similitud. Una vez que la candidatura de Errejón viene santificada por el sumo sacerdote Iglesias, el mismo que en Vista Alegre 2 le expulsó del paraíso, la instrumentación del proceso por el aparato deja igualmente en papel mojado la democracia interna que en teoría iba a potenciar el sistema de primarias. ¡Que pronto, y que mal, han comenzado a envejecer Ciudadanos y Podemos…!

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