Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Un asunto de vida o muerte

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E l niño Alfie Evans, de 23 meses de edad, ha muerto el pasado fin de semana tras haberle desconectado por orden de un tribunal de justicia británico el soporte vital que lo mantenía con vida. Una noticia que debido a cómo han transcurrido los acontecimientos, provocó una reacción social a nivel mundial que sin embargo no fue recogida en toda su magnitud por los medios de comunicación social.

Aquellos que han tenido que pasar por el trance de perder un hijo definen la experiencia como lo más duro y cruel que les ha pasado en la vida. ¿Qué padres no darían la vida por sus hijos? Esta es la primera de una larga sucesión de preguntas que se pueden formular con relación al amor paterno y materno.

Los padres de Alfie, apenas tienen 20 años cada uno y ya saben lo que es el horror de ver morir a un hijo en sus brazos. Lucharon hasta el último momento porque les permitieran llevar a su hijo a Italia para recibir un tratamiento alternativo, lucharon y se aferraron a lo último que les quedaba, su esperanza y el amor por su hijo.

Pero, no se lo permitieron, y no se lo permitió el Tribunal Supremo de Reino Unido, última instancia de apelación que les quedaba. No juzgo la conciencia de los tres miembros que componían el tribunal porque estoy convencido, y así se desprende de sus argumentos, que, rechazando la petición de los padres, obraron impulsados por su recta actitud. Además, yo no soy quién para juzgar las conciencias ajenas, para eso ya está otro.

Lo que sí considero oportuno es analizar jurídicamente por qué se llegó a esta situación. Básicamente los miembros del tribunal consideran que lo mejor para el niño era desconectar el aparataje que lo mantenía con vida, porque dado el estado vegetativo en el que se encontraba no existía ninguna posibilidad de que viviera sin estas máquinas.

Ante esta situación, el tribunal decide que el niño lo que se merece es paz y morir dignamente, por lo que ordena que se desconecte al niño tal y como proponían los médicos en contra de la opinión de los padres.

La siguiente pregunta que se nos ocurre a cualquiera es: ¿cómo es posible que un tribunal ordene esto en contra de la voluntad de los padres? No parece muy razonable ya que si el principal implicado, el niño, no puede tomar ninguna decisión, de manera natural parece que debieran ser sus padres quienes la tomaran.

Aquí es donde el derecho británico es singular. El Tribunal fundamenta su decisión en legislación que se remonta a 1891, 1925 y 1989. Esta legislación está basada en tres principios básicos. El primero, que el poder de los padres sobre los hijos no es absoluto, el segundo, que debe primar siempre el bienestar de los hijos, y el tercero, y aquí está la clave jurídica del asunto, es que los tribunales competentes tienen un poder mayor que el de los padres.

Surgen nuevas preguntas. ¿Nos gustaría a los que somos padres que en un caso como este decidiera un tribunal por nosotros? ¿No llegaríamos hasta más allá de lo razonable para no dejar morir nuestra esperanza? ¿Está alguien legitimado para cercenar de raíz los sentimientos de unos padres cuando abrazan a su hijo, aunque este acto le parezca estéril a la medicina moderna?

No hay cabida para el iusnaturalismo en los sistemas jurídicos actuales. Entiendo que esto ha supuesto una corriente de aire gélido en los ordenamientos jurídicos. Se ha deshumanizado la justicia. Todo es racionalismo y positivismo, y por ello parecía más racional desconectar a Alfie que apostar por un resultado muy incierto, es más, de muy pocas posibilidades.

Ahora nunca sabremos si Alfie hubiera podido ser abrazado una sola vez más. ¡Cuántas veces hemos deseado haber abrazado, besado o simplemente decirle a un ser querido el amor que sentíamos, un instante más, sólo un instante!

La justicia sin caridad, sin amor al ser humano no es una justicia útil y si no es útil es perjudicial. Debiéramos plantearnos si queremos apostar por una cultura de la vida o por una cultura de la muerte, pues la justicia no es más que un reflejo de nuestra cultura.

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