AL TRASLUZ
Morano, con dos
Aunque no tuvimos mucho trato, conocía a Morano antes de instalarme en León. Veraneó un par de años en la misma urbanización en la que lo hacían mis padres. Como este columnista, un madrileño de procedencia. De hecho, creo que él lo era de pura cepa, independientemente de su amor por lo leonés. Esa «chulería» suya resultaba muy madrileña. O sea, más socarrona que real. Recuerdo que ante unos bañistas haciendo windsurf en la playa le dije con ironía: «¿Se anima alcalde?». Y me contestó circunspecto: «Ni hablar, solo hago lo que sé que voy a hacer bien». Ya he contado en esta columna que tras estar observándonos a un amigo y a mí recorrer varias veces de una punta a otra la playa, enzarzados en una filosófica conversación, se nos acercó y soltó estólido: «Lo que os pasa a vosotros es que ligáis poco». Utilizó otro verbo, pero lo importante es que tenía razón. No comparto ni he compartido nunca eso de que era «político con dos cojones». Sin duda, transmitía carisma de líder pero no veo la relación con lo testicular. Esa aureola formaba parte de la adulación populista que le rodeó. En España, los redaños políticos los tuvieron los concejales populares y socialistas que se jugaban la vida en el País Vasco. Sin duda, él hubiese estado de acuerdo con esto. Le benefició la política nacional, fuera ya del localismo. Y le enriqueció su experiencia como tertuliano radiofónico, pues le permitió tratarse con un amplio registro de personas de valía, de izquierdas y de derechas. Nunca tuvo grandes inquietudes culturales, sus intereses eran otros. Resulta evidente que no era de izquierdas, pero tampoco fue un conservador de provincias.
Me llama Máximo Cañón y me pregunta por una columna que escribí cuando Diego Polo entró en la alcaldía del Ayuntamiento, tras caer el Pacto Cívico. Cañón, entonces en el CDS, se acercó a felicitar a Morano y este le dio un corte de mangas. Unos días después, en la calle le pidió perdón. Ahí, sí. Con dos.
Hasta el fin tuvo algo de chaval madrileño y fardón. Vestía con jerséis de colores muy alegres. En mi memoria permanecerá siempre como le visualizo en aquel verano, donde, en efecto, detectó que para aquellos dos bisoños ligar menos era imposible. Descanse en paz.