Diario de León
Publicado por
Luis Alfredo González abogado
León

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E n el normalmente apacible Senado la X Legislatura de las Cortes Generales amenazaba con armarse la de san Quintín. Ni siquiera la holgadísima mayoría absoluta del Partido Popular en la Cámara Alta parecía remedio suficiente para evitar que, tarde o temprano, estallara el variopinto Grupo Mixto formado por cuatro representantes de Amaiur (proetarras, para entendernos), tres navarros de UPN (en las antípodas de los anteriores), una independentista catalana de ERC, un infatigable parlamentario de IU y su elusivo correligionario comunista, el joven herreño de Coalición Canaria y este asturiano de Foro. Encima, a mediados de 2102, llegó inesperadamente Juan Morano tras invocar el cumplimiento de la palabra dada en defensa de la minería del carbón y pegar con la puerta en las narices a la dirección del PP por ser expedientado al votar lo que se había comprometido ante los electores leoneses.

La incorporación de Morano al Grupo Mixto del Senado, lejos de aumentar la tensión interna de aquel cóctel explosivo, fue un auténtico bálsamo porque Juan, persona de irreductibles ideales y muchos redaños para defenderlos, consiguió el respeto de sus circunstanciales colegas y, distancias políticas siderales aparte, también su simpatía. Cada mañana su ritual de llegada al Senado se iniciaba estampando besos y frases amables a las tres asistentes del Grupo, y apurando un café antes de colarse a fumar furtivamente en su despacho aún humeante de la jornada anterior. Contribuyó decisivamente a crear un clima agradable y y no resultó fácil porque aquel grupo humano tan dispar tenía muchas papeletas para los enfrentamientos graves. No hubo ni atisbos.

Era un gran entusiasta de la Justicia. Frente a los opinadores a botepronto, él releía y sentencias y resoluciones judiciales. Las destripaba y asentía con su contenido o discrepaba abiertamente. Tenía mucho ojo para calibrar con antelación los veredictos de casos o asuntos muy controvertidos. También tenía olfato. Su enorme experiencia parlamentaria le dotó de una gran intuición y sus opiniones eran siempre atinadas.

Amigo de sus amigos, le gustaba rememorar sus inicios en la política y cómo fue fichado para la causa de UCD en los albores de nuestra democracia. Se sentía muy orgulloso de su labor en León. Motivos tenía. Cultivaba el contacto con sus veteranos compañeros y periódicamente se veía en Madrid con ellos para hacer un repaso a la vida política nacional que vivió con intensidad en su dilatada trayectoria parlamentaria. Juan Morano era un buen español al que le dolían y preocupaban las cosas malas que nos pasan y que, con sensatez y realismo, ambicionaba lo mejor para nuestra tierra. Quienes tuvimos el privilegio de tratarle le recordaremos con mucho cariño. Se lo ganó.

E l sábado cinco de mayo falleció en León Juan Morano.

Conocí a Juan en 1971, cuando llegó a Ponferrada como Letrado del INSS y yo era un estudiante de primer curso de Derecho.

Desde entonces —cuarenta y siete años— mantuve con él una amistad fraterna, agrandada por mi relación de familia con su maravillosa mujer Encina Seco.

Juan fue siempre un hombre de carácter y de buen criterio.

De inteligencia fina y rapidísima. Hace algunos años, en uno de nuestros muchos paseos, le pregunté: Juan, ¿a ti algún libro te cambió la vida? El «libro de familia» me respondió en el acto.

Como político vocacional, fue querido y admirado. También —en mucho menor grado— criticado y denostado pues con él nunca había medias tintas.

En todo caso, y a la vista de cómo va el gremio, Juan ha cerrado su recorrido vital dejando una trayectoria de honradez, inteligencia y buen hacer que nadie podrá discutir.

Este juicio favorable ha sido elocuentemente refrendado por las multitudinarias y sinceras muestras de cariño de los leoneses en su velatorio y funeral.

«Según todas las pruebas, nos morimos para siempre» escribió el poeta Blas de Otero, pero esta máxima no rige con aquéllos que son recordados con cariño y respeto.

Desde la resignación y tristeza que acompañan siempre la pérdida de un ser querido, me uno al dolor de Encina, de sus hijos y nietos en este breve y emocionado recuerdo.

Descansa en paz, querido amigo.

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