Diario de León

Publicado por
Joaquín Cuevas Aller escritor
León

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S on muchas las manipulaciones de la Historia Medieval de España, especialmente todo lo referente al Reino de León. Pero hay manipulaciones que adquieren carácter repelente. En este artículo me voy a referir a un escrito aparecido en este mismo Diario sobre doña Urraca, reina de León. En ese artículo se dice que la reina Urraca fue una meretriz pública, devoradora de hombres y la causante de la anulación de su matrimonio con Alfonso I el Batallador. Si todo esto es repelente, lo que sigue es repugnante: dice que tuvo relaciones incestuosas con su hermano Sancho. Lo más indignante es que el escritor, siguiendo la costumbre de la mayoría de los historiadores, no aporta una sola prueba de la veracidad de lo que dice, y, no aporta pruebas porque no existen. En las fuentes medievales existen muchas pruebas que demuestran quien fue la Reina Urraca.

Estos son algunas de esas pruebas: Urraca nació el año 1081, era hija del rey Alfonso VI y de la reina Constanza. Por deseo de su padre, se casó el año 1095, a los 14 años, con Raimundo de Borgoña con quien tuvo siempre una muy buena relación, así lo admiten la mayoría de los historiadores. Del matrimonio nacieron dos hijos: el infante Alfonso, que sería su sucesor y la infanta Sancha. Doña Urraca quedó viuda el año 1107 al morir su marido.

Poco antes de su muerte, Alfonso VI había declarado en Toledo en presencia del arzobispo Don Bernardo, de otros obispos y de la mayor parte de los nobles del reino, que dejaba la Corona de León a su hija Urraca y que debía ser reconocida como heredera universal y legítima de todo su reino. Así está escrito en el Anónimo de Sahagún. La fama y el prestigio de Alfonso VI hizo que todos los grandes del reino se reunieran en Toledo y proclamaran reina a Doña Urraca en los primeros días de julio del año 1109. La coronación de Doña Urraca como reina de León es una novedad, nunca antes había ceñido la Corona de León una mujer.

Al quedar viuda su hija Urraca, el rey Alfonso VI la aconsejó se casara con Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, con el fin de unificar los dos Reinos. La boda de Urraca con Alfonso I se celebró en el mes de octubre del año 1109. Desde el inicio del matrimonio, las relaciones fueron muy malas. Según algunos historiadores, Alfonso I era misógino, odiaba a las mujeres, era supersticioso y no toleraba que una mujer estuviera a su altura y pudiera dar órdenes. Alfonso I quería ser dueño absoluto de ambos reinos. La reina Urraca quería mandar y ejercer de reina y soberana, tenía personalidad, capacidad y carácter para ello. El matrimonio con Alfonso I fue anulado el año 1114 por el papa Pascual II por ser primos segundos, pues eran biznietos de Sancho III el Mayor, rey de Navarra. La reina Urraca murió el 8 de marzo del año 1126 en Saldaña, Palencia, a los 45 años de edad, siendo enterrada en San Isidoro de León.

Si llamar prostituta a la reina Urraca sin pruebas es repelente, decir que tuvo relaciones incestuosas con su hermano es repugnante. El escritor ignora datos muy importantes. Alfonso VI, padre de la Reina Urraca, tuvo varias hijas y un solo hijo, que se llamaba Sancho. Este hijo murió en la Batalla de Uclés el año 1108 cuando tenía sólo 11 años. Decir que tuvo relaciones incestuosas con su hermano, un niño de 11 años, sin aportar prueba alguna es repugnante.

En los escritos de famosos historiadores encontramos datos muy significativos para conocer la vida de la reina Urraca. Entre esos historiadores hay dos considerados antileoneses: el arzobispo de Santiago, don Diego Gelmírez dijo de ella que era una «reina digna de veneración». El arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada, dijo que «Doña Urraca era una Reina y con ese título figura en su tumba en San Isidoro y asegura que era una mujer muy juiciosa y entregada a obras piadosas».

Un historiador muy famoso y, tal vez, el mejor documentado, el castellano don Manuel Risco dijo: «la reina Urraca fue víctima de traidores y difamaciones, que Alfonso I era misógino, odiaba a las mujeres, que trataba a la reina con crueldad, no solamente de palabra, sino que llegó a abofetearla y hacerle heridas». El prestigioso Modesto Lafuente dijo las mismas palabras que don Manuel Risco. La Crónica Silense dice que «la reina Urraca amó y atendió a su marido, buscando siempre su felicidad y respetándole con gran fidelidad y que observaba en su interior la vida monacal, unida a Cristo como su único esposo». Añade otro dato muy esclarecedor: «Alfonso I quiso volver a juntarse con su exmujer, la reina Urraca. Para ello, envió unos mensajeros para convencer a los nobles: Urraca se opuso tajante a la unión con su exmarido, alegando la imposibilidad de la anulación del matrimonio». Esa pretensión de Alfonso I de volver con Doña Urraca echa por tierra todas las mentiras y difamaciones sobre la Reina. Nadie puede creer que un Rey tan orgulloso como Alfonso I iba a manchar su honor volviendo con Doña Urraca. Todos estos datos tienen más credibilidad que las supuestas ligerezas de la reina Urraca, faltas en absoluto de fundamento

La reina Urraca ha sido sin duda uno de los grandes personajes de la Historia de España, una auténtica heroína. En la Edad Media la mujer significaba muy poco por no decir nada. Sin embargo, Doña Urraca, además de haber sido reina de León, ha sido la única mujer que ha ostentado el título de Emperatriz de España, un título que llevó con gran dignidad. Entre unos y otros, quisieron convertir el reinado de Doña Urraca en un auténtico calvario: los sempiternos problemas con Castilla; problemas con los gallegos, problemas con los portugueses, problemas con los aragoneses partidarios de su marido, Alfonso I. Todos estos problemas los supo solucionar la reina Urraca con gran dignidad, conservando intacto todo el territorio del Reino de León. ¿Qué pretenden los farsantes? Esta película está ya muy vista, lo que pretenden es que los leoneses nos avergoncemos de nuestros reyes y así poder borrar a León de la Historia de España. Los farsantes basan sus mentiras en dos verdades, una grave: la reina Urraca nació mujer; la otra muy grave, imperdonable, ser reina de León. Lo dicho: repugnante.

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