EN BLANCO
La Guardia Civil
Nuestro periódico informaba en pasadas fechas sobre el acto de celebración del 174 aniversario de creación de la Benemérita, el cuerpo más antiguo de España y uno de los que tienen más tradición en el mundo, a decir del general Francisco Javier Sualdea. Puesto que soy un ratón de biblioteca, acostumbrado a recolectar todas las informaciones antiguas que puedo bucear en distintos archivos y hemerotecas, no hace mucho guardé una serie de informaciones sobre el nacimiento de la Guardia Civil publicadas en la prensa madrileña de 1852, poco después de su fundación por un real decreto de 1844. Punto de partida en el calendario para una institución que fue acrecentando, con el correr del tiempo, su buen nombre, prestigio y fuerza moral. A escasos años de que el segundo duque de Ahumada, Francisco Girón y Ezpeleta, pusiera en marcha un colectivo que pronto protagonizó distintas hazañas y beneficios públicos, ya se publicaban poemas alusivos a unos hombres que tenían como misión principal combatir el bandolerismo y las partidas carlistas diseminadas por el país: «Yo no temo a los ladrones/ si civiles me acompañan./ ¡Viva la Guardia Civil,/ porque es la gloria y honra de España!».
Al nuevo cuerpo incluido dentro del Ministerio de la Guerra se apuntaron en la primera recluta hasta 5.769 voluntarios, que se distribuyeron en 14 tercios divididos en 9 compañías de caballería y 34 de infantería, con 14 jefes y 232 oficiales. Los primeros contingentes de infantería se concentraron en Leganés, mientras que los de caballería lo hicieron en Vicálvaro. En cuanto a la opinión que sobre la Guardia Civil tenían los españolitos de la época, tal como demuestra la historia, estaba rodeada de sospechas: «Creyóse que iba a ser un cuerpo inquisitorial, una especie de institución de polizontes al servicio exclusivo de bandería determinada y con la principal misión de vigilar y perseguir a las personas de ideas políticas contrarias». Desconfianza que, gracias al tino y la intuición del duque de Ahumada, iría quedando en el olvido, sustituida por los más exaltados furores patrióticos.