EDITORIAL | La sociedad no debe bajar la guardia
Las fuerzas de seguridad alertan de un posible aumento de consumo de heroína. Esta circunstancia, que no es alarmante, pero sí preocupante, basta para que la sociedad se ponga sobre aviso y se arbitren medidas para frenar en seco un escenario que puede ser fatal para el futuro de miles de jóvenes. Con esta amenaza sobre la mesa, aunque no tenga una veracidad comprobable, se hace imprescindible que la educación sea el baluarte esencial para alertar de los peligros del consumo de estupefacientes, a través de programas de concienciación impartidos en todas las esferas del espectro educativo y que debe ser reforzado con una especial atención en las familias.
El perfil de los consumidores del que hablan los expertos, personas trabajadoras, formadas, puede llevar a equívoco y dar a entender que se trata de un consumo controlado que no va a derivar en los sombrías atmósferas que dejaron los años ochenta. La experiencia nos dice que no se puede bajar la guardia cuando se trata de adicciones, mucho menos cuando hablamos de drogas y principalmente de una que tan amargos recuerdos trae a la sociedad española.
Las generaciones más jóvenes no conocen cuáles son los efectos, las tragedias que se esconden tras el consumo de ‘caballo’. Por ello debemos ser conscientes de que los adolescentes son especialmente vulnerables a caer en sus redes, si tenemos en cuenta que las estadísticas hablan de que el 75% de los menores ha consumido alcohol alguna vez, pese a las labores de prevención en este sentido.