Cien días de gracia
N adie, absolutamente nadie, podía pensar hace apenas quince días que Pedro Sánchez sería presidente del Gobierno, y que su precipitada propuesta de moción de censura se llevaría por delante a Mariano. Nadie hace apenas quince días podía pensar que la izquierda moderada y radical, la derecha nacionalista y los independentistas serían capaces de votar «todos a una» con el fin de tumbar al gobierno. Nadie hace apenas hace quince días podía pensar que el PSOE con 84 diputados conseguiría una mayoría absoluta para poder investir a un candidato que se ha visto desde siempre tiroteado por el fuego amigo.
Ganar la moción de censura es una cosa y gobernar el país otra y Pedro Sánchez no lo va a tener fácil porque gobernar una España que afronta retos políticos, económicos, sociales y territoriales de gran calibre, con un apoyo tan exiguo, puede ser complicado y generar inestabilidad. El nuevo presidente ya ha dado muestras sobradas de que no tira fácilmente la toalla y eso es algo que le ayudará cuando vengan mal dadas.
Es verdad que todavía no ha desgranado su programa y que para llegar a la cima ha garantizado al PNV —que ha tenido la sartén por el mango en este cambio político— que va a gobernar con los Presupuestos Generales recién aprobados por el PP, los mismos que su partido calificó de regresivos y enmendó a la totalidad, pero esta es una oportunidad para un PSOE menguante que no va a desaprovechar.
Yo desconozco si ha habido negociaciones bajo cuerda, ni sé si son ciertas las informaciones que apuntan a cesiones vergonzantes con quienes quieren romper España pero, como mucho, habrá elecciones generales en dos años y antes autonómicas y municipales y el secretario general del PSOE sabe que se la juega. Si tiene la tentación de jugar con las cosas de comer le irá mal y serán las urnas quienes situarán a cada uno en su sitio.