Nubes y claros
El equilibrio de la precariedad
Pulsos. Faroles. Guiños. Certidumbres y sobre todo interrogantes. Brindis al sol. Agarraderas imposibles. Primeras piedras que nadie puede tirar. Argumentos chiripitifláuticos aquí y allá. Quizá el resultado es lo de menos. No por intrascendente, sea este o aquel el presidente y estos o aquellos sus momentáneos aliados y sus circunstanciales expectativas. La cuestión de fondo es que la inestabilidad ha venido para quedarse, es estructural, y hace tiempo que ya nada es como solía. Buscar el equilibrio en la precariedad es la nueva asignatura a aprobar, pero de momento pintan bastos. Así que toca apechugar con las consecuencias todas de la duda más o menos existencial, esa que brota directamente de las que manifiestan en las urnas los ciudadanos. Si nada está claro nada está claro. Toca, pues, río revuelto.
He aquí el panorama político que se dibuja a largo plazo. El equilibrio en el alambre de los intereses todos, negociados en el mercadillo del regateo y la más absoluta volatilidad de los compromisos. Todo, todo, está en subasta. Es la realidad que nos toca vivir. Probablemente, de aquí en adelante. Cuando, de repente, deslumbra un fogonazo desde donde nunca pensamos que podría llegar. ¿Del fútbol? Andanome... Ahí donde los padres/madres de todos los messis de cinco años arañan y devoran árbitros púberes e infantes ronaldos para hacer valer el talento de sus querubines.
Ahí mismo, pero en la cima, surge el destello que pone a todos a cavilar. El Zidane de todos los consensos y las grandes victorias se va porque quiere que todo acabe bien. Eso dice con elegancia, aunque tampoco se oculta que algo no habrá ido tan bien cuando se rompe la baraja. En todo caso él sabe, aunque nadie lo entienda, que una retirada a tiempo es una muestra de inteligencia, también de generosidad. Dicen que no debe ser un día triste el incomprensible abandono en el mejor momento.
Saber retirarse a tiempo es una de las asignaturas troncales que debería exigirse aprobar a quien en algún momento se sube al carro de la vida pública. No digamos a la política y su presunta vocación de servicio. De momento no se ha dado el caso de que se contemple la posibilidad. Seguirá siendo una ‘maría’ de la política.