Diario de León

TRIBUNA

La soledad del funcionario de prisiones

Publicado por
CARLOS ANTóN ROGER funcionario de prisiones
León

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E stablecemos de forma cotidiana o tal vez podemos establecer en las conversaciones diarias, que los llamados políticos con casos ininterrumpidos de corrupción sin sangre, obvio a priori, en sus casos consuetudinarios e ininterrumpidas de la mención hecha, son casos claros de delito que quedan en años de risa, tanto para ellos como para el ciudadano de bien. ¿Qué otra cosa queda al respecto si la Justicia nos ampara? Delitos penados con cuatro-cinco o más años, que jamás cumplen, y sin el añadido de la posible muerte o muertes indirectas, a la cuales están afectados.

Esta confección o plural indirecta de pérdida de vida del ciudadano de a pie, que de hecho surge y surgirá por siempre... el dinero corrupto conduce por siempre a lo dicho (muerte) y ni hablo de bien material, sino de vida o vidas perdidas por la avaricia del cimborrio que nos gobierna y maneja, la vida ajena, no importa. Los principios básicos han desaparecido, la ética social no existe, las relaciones sociales se han convertido en individualidades, cada cual por sistema, ha de ser más que el otro... y así seguiría, para el establecimiento de esta sociedad cimentada en los principios de poder, hipocresía, vanidad y mentira. Es tal el despropósito que los responsables de las prisiones se anexan a los externos, en previsión de tiempos que terminarán deficientes, y ellos lo saben, pero nosotros, ¿los vemos? Es la pura Junta Central del Gobierno, (nos cubrimos las espaldas), obvio.

Y es aquí, donde los propios funcionarios de prisiones cumplen con su deber profesional impuesto y dejan obrar a los ‘dioses’. Se paga y se pagan con cantidades, no exentas de riesgo a policías, guardias civiles y demás, pues claro su poder supeditado al poder instaurado... pero nuestro deber por obligación y dignidad en el tiempo y por tiempo, no queda exento de riesgos y miedos en la custodia de lo que en horas y días realizan policías, y guardias civiles, más allá.... meses y muchos años, día a día, hora a hora, año a año, quedando claro que la mente humana es cambiante a priori y a posteriori.

Nuestra remuneración está devaluada comparativamente en tiempo e historia, se nos trata como bedeles de los llamados confesos. Sufrimos agresiones, insultos, golpes y menosprecios en tener que «humanizar» esos centros donde todo es intemporal y atemporal. Se nos pagan con cantidades adecuadas a los profesionales de seguridad en circos de pérdida de tiempo y motivación... pasar las horas sin riesgo cierto.

Lo real es que nuestro deber y obligación, pasa no solo en la custodia de los confesos, sino aún en la defensa de sus vidas: y así y todo recibimos agresiones, menoscabos, insultos y vituperaciones a las cuales debemos ignorar; pero ¿es nuestra profesión, pagada, pero no remunerada? El juego de la vida y la muerte... obligatoria por decreto legal.

No nos consta en nuestra profesión, pero todos los profesionales de prisiones, lo hacemos por nuestra profesionalidad asumida, y llegando al instante en que no se nos valora, cuando lo cierto es que en nuestra profesión debemos tener conocimiento exógenos (no aprendidos) de psicología, sociología, lenguaje no verbal y relaciones sociales con este tipo de personas tan complejas, pero sobre todo entender a buenos y malos, sin llegar a la agresión física, al contrario, evitarla, aún cuando es diaria. Horas y días con paciencia y humildad, no obstante en el colectivo dicho, y surgen estados o momentos, que llegan a la desesperación con el hacer el trabajo cotidiano, se nos ponen espuelas al trabajo diario y podemos la mayoría de los funcionarios de prisiones, que ese deseo, vence al miedo.

La cárcel es amistad, con gran falsedad, entre unos y otros. La regla que seguimos, la mayoría de los mortales, es el intentar o tal vez pensarlo, para ponerlo en práctica, la imitación, en cuanto que podemos sazonar nuestra vida o vidas, nuestro ego, y conseguir una forma, que nos equipare al resto de libres, en cuanto a la redicha adulación y mientras no la inhalemos, no nos hace daño. Como si de una cárcel se tratara, son los mismos aduladores, en que su primer cuidado consiste en apagar la luz. Hemos pasado de lo anterior y mencionada cárcel en este siglo, cual y con los que han de pasar o ya existe, en que la alabanza queda aún más vacía; el preso, convicto, reo, preventivo o condenado, ya goza de otro tipo de status, adquiriendo en el exterior, condenado o veterano, con delitos múltiples de sangre o acumulación de sin ellos, la dicha alabanza o adulación por el tiempo pasado, al contrario por lo por él realizado.

A un homicida o asesino, le pueden suponer con todos sus agravantes la prisión preventiva revisable (sic..) más o menos tres años. Acaso ningún otro país, excepto Turquía, es tan poco conocido y tan mal juzgado por el reto de Europa como lo es España. Cada hombre, en cierta edad, tendría derecho a un ordenador, TV, radio y llamadas ilimitadas, también dispondrían de una habitación para sosiego sexual, como medida terapéutica. Dispondría de una junta directiva, para que se hiciera escuchar y debatir las quejas, ya que los propios funcionarios están atados a un código de conducta, al cual ¿deben respetar? El confeso, delincuente, mientras tendría platos fríos, se quedaría solo y su vigilancia basada en el código de conducta de Instituciones Penitenciarias sería nulo. ¿A dónde nos llegaría todo esto, es cárcel y cárceles? ¿Anarquía?

Una ducha semanal, cohabitación en pequeñas celdas individuales y obviamente deberían de pagar no menos de su estancia, la cual ya ha sido comentada en muchas ocasiones y si la esperanza de salir con vida o vida acabada. ¿No habría de esta forma justicia social y generalizada?

Querido abuelo, piénsalo, antes de ir a una residencia y pagar dos mil euros, que no tienes. Liquida a un político corrupto, te saldrá gratis y no pagarás nada e incluso serás mejor atendido que en una residencia, con todas las carencias que sabemos y tomando conciencia de que el funcionario de prisiones, tiene por delante y peor en tiempo pasado una labor muy comprometida y peor pagada, jugándose su vida, día a día. Policía, local, guardia civil... realizan su misión en un plan perfecto, sin duda, pero el reto de día, días, meses. es el funcionario de prisiones, es el que tiene que «pelear» con los ingresados, y esa labor es impagada. Gracias compañeros de prisiones por los años pasados, más malos que buenos, pero en especial que sea el propio Gobierno el que tome las medidas y hechos de lo dicho. ¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! Pero cuestan tanto. Sin Comentarios.

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