León

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Rajoy deja la política activa, tras 28 años dedicado a ella. Vuelve a su registro de la propiedad en Santa Pola, donde obtuvo la plaza. Deberá ponerse al día. Tampoco le supondrá un reciclado titánico, pues dos propiedades y dos propiedades aún siguen sumando cuatro, una menos en Canarias. Lo importante antes como hoy es tener algo que registrar. «Tengo un tractor amarillo. ¿Puedo registrarlo?». Y don Mariano: «lo extraño en su lugar es que hubiese sido naranja, señor Torra». Otro caso: «Tengo una debilidad, ¿puedo registrarla. Y él: « Puede, señor Machín» Y así con todo, en Santa Pola o en Turulustán. Fray Luis de León al incorporarse a su cátedra, después de haber pasado cinco años preso en Valladolid víctima de la Inquisición, espetó a sus alumnos un lacónico: «Decíamos ayer…» En efecto, algunos hablan en gallego sin saberlo. Ah, la propiedad. «A mí que me registren», dijo quien no parecía creer mucho en ella y ahora tienen un casoplón con piscina. Pues nada, don Mariano, a registrar. «Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera. ¿Me la registra?». Y Rajoy; «Pase moza fermosa». Ya en serio, una amiga me preguntó en el Ayuntamiento mi opinión sobre el proceso de elección de líder en el que se encuentra el PP. Lo tengo claro: el liderazgo más importante para un partido es el de la calidad humana, Rajoy la tiene, todo lo demás ha de venir después. Quien necesite un sargento, que se aliste en las Fuerzas Armadas. Pero de la trascedente cuestión del liderazgo político escribiré pronto.

A don Mariano le dejaría las llaves de mi coche nuevo, siempre que conduzca él y no alguna oveja negra. U ovejo, claro. La dimisión era necesaria, pese a que conlleva aspectos injustos hacia su labor. Ahora al PP le toca reflexionar, para no caer en lo de Lampedusa: «Que todo cambie, para que todo siga igual».

Ganará en tranquilidad, lo que tampoco es mucho ganar, pues lo suyo ha sido mostrarse sereno y sin novedad. En fin, que su despedida no sea «un largo adiós que no se acaba», como dijo el poeta. Jubilarse de registrador tampoco está mal. Y luego en la ducha, gran auditorio donde los haya, que cante esa tan socorrida de «Tú querías que te dejase de querer y lo han conseguido». Un clásico.

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