cartas al director
Olvido de los presidentes
E n lo que va de Democracia nadie negará que sólo recordamos con cierto cariño la labor desempeñada como presidente por Adolfo Suárez. Para el resto, siempre hay un pero que empaña su gestión. Y es que da lo mismo que uno acierte, con errar una vez es suficiente. Así, cuando uno recuerda la figura de Felipe González resulta complicado que no le vengan a la mente imágenes de los oscuros años de lucha antiterrorista. O en el caso de Aznar fácilmente lo vemos con los pies y su arrogancia sobre la mesa en la foto de las Azores. A Rodríguez Zapatero difícilmente se le puede desvincular de la negación de una crisis económica más que evidente. Y a Rajoy, aunque aún es pronto, será complicado no recordarlo envuelto en desazón y condescendiente con la corrupción. En todo esto pensaba cuando leía las primeras decisiones de algunos ministerios alentados por Pedro Sánchez. Teniendo el magisterio de los que le han precedido, no procede equivocarse en los mismos aspectos.
LUIS ALBERTO
RODRÍGUEZ arroyo
¿Quién juzga a los jueces?
H ace ya unas semanas que no me saco esta pregunta la cabeza; ya no me surgen dudas acerca de si la justicia es justa. Ya me ha quedado claro que en el siglo XXI la libertad de expresión, la cultura, la literatura, el arte y la igualdad de género, todos ellos derechos humanos, no están siendo bien juzgados por el poder judicial. ¿Pero dónde se encuentra esa persona que debería juzgar a los jueces? Realmente haría falta una figura que se dedicase a eso. Y no tendríamos que ver sentencias como la de La Manada, donde el tribunal condena por abusos y no por agresión sexual o como el libro Fariña de Nacho Carretero es secuestrado por una juez. ¿Podría por favor aparecer, de una vez, esa persona o institución que debería juzgar a los jueces? Porque me parece que últimamente están demasiado ocupados, tomando cervezas con los poderes fácticos.
Laia Villalbí
Lo que esconde Twitter
T witter ha pasado de ser una plataforma de comunicación bidireccional donde se podía participar en debates sobre nuevas ideas, seguir a gente interesante o conocer noticias de última hora, a ser una cantera de frikis que no dejan de soltar barbaridades sobre la situación política de aquí o de allá y que a la mínima de cambio, o bien te insultan o te contestan cualquier mentira con tal de proyectar su agresividad. Este tipo de personajes que invaden las redes tras un nombre falso, además de haberse inventado una vida son de lo más peligroso. Activan el fuego en las redes y empeoran aún más cualquier situación. ¿Es qué no hay ningún tipo de control? Las falsas noticias provocan un efecto dominó en la población y no nos engañemos, España no está precisamente en su mejor situación política, así que no creo que sea el momento de incendiar las redes y seguir provocando tanto odio. Debería existir algún tipo de medida real, donde se prohibieran este tipo de comentarios que, lejos de ser divertidos, asustan.
Meritxell Perera