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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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L os datos siguen siendo tercos y el Instituto Nacional de Estadística acaba de certificar que Castilla y León sigue siendo, cada vez con mayor diferencia, la comunidad que encabeza en términos absolutos y relativos la pérdida de población en España. En esta ocasión el censo ha mermado en algo más de 17.000 unidades, agravando una sangría demográfica que se ha cobrado en los últimos cerca de 145.000 habitantes, un volumen de población equivalente al de la ciudad de Salamanca.

El dato se ha conocido en vísperas de que las Cortes de Castilla y León celebren el debate anual sobre el estado de la comunidad, estado que difícilmente puede ser considerado boyante a la vista de un indicador demográfico tan demoledor. Y siendo cierto que se trata de un problema compartido con otras cuantas comunidades autónomas, en ninguna de ellas presenta unos efectos tan devastadores.

Por su ascendencia soriana, la nueva Delegada del Gobierno, Virginia Barcones, está especialmente sensibilizada con la cuestión, y así lo subrayó durante su toma de posesión. Pero la realidad es que el gobierno Sánchez poco a poco viene exponiendo sus prioridades, sin que entre ellas figure por el momento el problema de la despoblación. Ni siquiera consta a estas alturas si piensa subrogarse en el compromiso incumplido por el gobierno Rajoy de presentar una Estrategia nacional sobre el Reto Demográfico.

Por lo demás, el mencionado debate parlamentario se ve forzosamente devaluado al girar en torno a la gestión de un presidente, Juan Vicente Herrera, con fecha de caducidad y por ende políticamente amortizado. Ello desmotiva a una oposición que, sintonizada en modo electoral, contempla ya como contrincante político al eventual candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, quien asistirá al debate a título de oyente, si bien es posible que le suenen de vez en cuando los oídos.

Fernández Mañueco y la dirigencia autonómica del PP están ahora en otra guerra, la que se libra en el seno del partido para cubrir el liderazgo que ha abandonado Mariano Rajoy. Esperaban un consenso alrededor de Alberto Núñez Feijóo y la espantada del presidente gallego ha trastocado los planes. Y por si fuera poco, la inesperada irrupción de Pablo Casado, que ha salido a por todas, ha roto la dualidad Soraya-Cospedal, elevando a tres las verdaderas opciones en liza.

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Ante un escenario tan incierto, Mañueco y los nueve presidentes provinciales han decidido no retratarse mostrando sus preferencias, no vaya a ser que el que gane pase factura después a quienes le hayan negado su apoyo. Aquella vieja advertencia de Alfonso Guerra —«el que se mueva no sale en el foto»— sigue plenamente vigente en la política española.